miércoles, 20 de enero de 2010

Que viene el lobo

Hace un tiempo me quedé atontado viendo una fotografía que había ganado un importante premio internacional de fotografía de naturaleza. La imagen en cuestión es ésta.

Es posible que ya hayáis visto antes la instantánea, debido a la polémica que ha levantado, ya que le han retirado el premio al fotógrafo pues parece ser que el lobo estaba amaestrado, algo que incumple las normas del concurso. Un análisis más detallado del asunto, en esta página -en inglés-.

A mí, la verdad, me trae al pairo que la foto esté amañada o no. Si el fotógrafo no se ha acogido a la normativa del concurso, mala suerte para él y su reputación, que se queda sin premio y con un borrón importante a nivel internacional sobre su nombre. Pero el caso es que, sea como fuere, la imagen es un verdadero pasote. Sea el lobo amaestrado o salvaje, la fotografía tiene un trabajazo enorme, y verdaderamente es de enmarcar. Que cumpla las normativas de un concurso en particular, eso ya es otra historia.

El caso es que esta foto me ha recordado que llevo casi 6 meses escuchando un 'que viene el lobo', siendo el lobo la publicación en el BOJA de las predoctorales. Y en esos 6 meses, el lobo sigue sin aparecer. Y tanto me lo han repetido ya, que viene el lobo, que viene el lobo, que al final he desmontado el equipo fotográfico y me he desentendido del asunto. Que venga cuando le dé la real gana, que la verja se la he dejado abierta para que no tenga ni que saltarla. Mientras, sigo haciendo avances sobre Lovecraft. Sin cobrar, claro. Pronto os cuento algunos resultados.
J.

jueves, 7 de enero de 2010

La perra de Tíndalos

La vuelta a la normalidad ha sido, de lejos, de todo menos una vuelta a la normalidad. Y es que ayer la familia se hizo más grande. Los Magos Republicanos, entre filmografías completas de Kubrick, un par de esperadísimos juegos de mesa, libros y demás frikadas, se dejaron caer con el hechizo de invocación de perros de Tíndalos. Lo puse en práctica tras varias horas de memorización y, de la esquina del salón de mis padres, surgió la señorita Mina -sí, por Mina Harker, quasi acosada por Drácula-. Tonta, desde luego, no es... tardó 20 minutos en descubrir las virtudes del brasero.

Aquí os dejo con ella, para comenzar bien la vuelta al cole. Y recordad que si se le mete entre ceja y ceja, os buscará a través de océanos de tiempo para comeros y babearos. No os dejeis engañar por su aspecto inofensivo...



J.

sábado, 2 de enero de 2010

Invisible, de Paul Auster

No puedo negar que Paul Auster es una de mis debilidades desde que lo descubriera en aquellos maravillosos años de vida estudiantil universitaria. Cuando aparece un nuevo libro suyo tardo lo justo en buscarlo y, en un alarde de favoritismo digno de la madrastra de Cenicienta, lo cuelo de mala manera el primero en la lista de 'pendientes por leer'. Travels in the Scriptorium y Man in the Dark, sus hasta ahora dos últimas obras, me encantaron. Invisible, su último trabajo, me ha parecido una joya.

Estamos en una época, por si no os habeis dado cuenta, en la que hay una insólita proliferación de zombis en las artes, principalmente en literatura y cine, aunque también en fotografía e incluso escultura. Paul Auster se ha sumado al carro con su particular libro de resucitados. Pero antes de arquear una ceja y preguntaros qué coño está pasando con el neoyorkino, me explico. Invisible es un libro de zombis a la manera de Auster. No hay cadáveres putrefactos andando por las calles en busca de cerebros, ni pandemias, ni motosierras o bates de beisbol. No hay sangre -casi-, y no hay escenas gore o terroríficas. El zombi de Paul Auster es diferente. Es un revenant, sí, es una figura que regresa de su tumba, ya sea física o metafórica, y vuelve en forma de cartas, de recuerdos, de libros e historias no publicadas. Invisible se nutre sistemáticamente de aquello que vuelve: de los amigos que reaparecen cuarenta años después para pedir ayuda y purgar los pecados, de los recuerdos que atormentan una y otra vez la existencia, de la pregunta infinita '¿Podría haber hecho algo?', de la tarde infantil de juegos con tu hermana.

Invisible conjuga al Paul Auster más puro con algo nuevo. La carga sexual de la novela es la más alta de su trayectoria, sus malabarismos narrativos son más escasos, los niveles textuales no te absorben como lo hacen, por ejemplo, en Oracle's Night. Vuelven los cuadernos, los manuscritos, el escritor, Nueva York, la casualidad -pero menos-. Pero también llega París, una isla tropical perdida y un amor prohibido. Vuelve la investigación casi policial, pero también un contenido que, en contra de lo normal en Auster, prima con creces sobre la forma. Podría hablarse del Ciudadano Kane particular del autor, pero tampoco sería del todo preciso.

Es complicado hablar del argumento de Invisible sin destripar la novela, por lo que todo lo que se puede decir es que Auster está en plena forma y parece haber salido del peligroso encasillamiento con el que venía coqueteando, sin dejar de lado sus filias, fobias y obsesiones. Los zombis de Auster, ya lo dije, no dan miedo en la mayoría de los casos. Fascinan por sus encuentros. Iluminan, son humanos, devoran sentimientos propios y revuelven los ajenos. Así da gusto dejarse masticar.

J.

martes, 29 de diciembre de 2009

Una historia sin final feliz

Por una vez, y sin que sirva de precedentes, me gustaría sacar a colación un cómic. Digo sin que sirva de precedentes porque uno es consciente de sus límites y desde que comencé la andadura de este blog, no me he sentido con capacidad suficiente para criticar con fundamento el cada vez más creciente número de novelas gráficas que han ido acumulándose en mis -flamantemente nuevas- estanterías. Al ser un medio en el que no me siento versado, tampoco me veo con autoridad para hablar de su calidad.

El caso es que lo último que he podido leer ha sido un producto Marvel bastante inusual. Se trata de X-Men: Magneto. Testamento, una historia autoconclusiva que nos desvela la oscura infancia y juventud de uno de mis supervillanos favoritos, que pasó una temporada sufriendo la persecución alemana y los sinsabores de un campo de concentración.

No voy a entrar en profundidad a analizar el volumen, porque no es lo que pretendo con esta entrada. Baste decir que no es un cómic de superhéroes, sino un cómic sobre el Holocausto que trae sorpresa al final. Y es esa sorpresa de la que quiero hablaros.

Una vez enterado de las vicisitudes del joven Magneto entre los nazis, o más bien, entre los fantasmas judíos que pueblan los campos de concentración, me tropecé con una editorial firmada por el mismísimo Stan Lee que, para aquellos que anden despistados en el tema, es uno de los padres del cómic americano (que además suele tener cameos en la mayoría de las adaptaciones cinematográficas de los héroes Marvel que se ruedan). Y de la mano de Stan Lee me enteré de la historia real que da título a esta entrada, la historia de Dina Babbitt. Dina nació en la República Checa en 1923, y tuvo la desgracia, al igual que Magneto, de ir a parar cuando era una jovencita a Auschwitz. Dina, por aquel entonces, despuntaba en el arte del dibujo y, clandestinamente, pintó un mural con Blancanieves y los 7 enanitos de Disney en uno de los barracones atestados de niños judíos que esperaban su turno para ser aniquilados. De esta manera, y jugándose la vida por tamaña osadía, llenó de un poco de color la vida de aquellos chiquillos.

El mural fue descubierto por los nazis, que llevaron a Dina -supongo que aterrada, esperando su muerte- ante la presencia de Josef Mengele, una de esas figuras históricas que dejan en bragas al Dr. Doom y cualquier otro supervillano que se os ocurra. Mengele requirió de Dina, a cambio de salvar su vida, que pintase para él retratos de prisioneros gitanos con los que estaba experimentando. Al parecer, el Ángel de la Muerte no estaba satisfecho con las tonalidades de piel que obtenía de su cámara fotográfica, y quiso que Dina retratase y 'retocase' a los gitanos con acuarelas que reflejasen más fielmente esos matices que le ayudarían a demostrar su gran teoría de la supremacía genética aria.

Dina, parece ser, pidió al mismo Mengele que salvase la vida de su madre, que se encontraba en Auschwitz también, 'amenazándolo' con suicidarse si no lo hacía. Mengele, en un alarde más de su histriónica personalidad, aceptó.

La pintora retrató aproximadamente a una docena de prisioneros hasta que fue liberada, y además también retrató a diversos familiares de oficiales nazis, al propio Mengele en plena faena, disecciones, etc., etc.

Dina se marchó a Estados Unidos, los años pasaron y llegó a ser una importante animadora de estudio, trabajando en series como Speedy Gonzalez o Piolín. En 1973, se enteró de que el museo de Auschwitz iba a exponer varios de aquellos retratos que, milagrosamente, se habían salvado. Solicitó al museo polaco que le devolviesen aquellas acuarelas, pero el museo se negó en rotundo, alegando que los dibujos no eran propiedad de Dina, sino de -!!!- Josef Mengele.

Hasta ahí, lo que pude aprender de X-Men: Magneto. Testamento. La historia me interesó bastante, así que investigué un poquito más, y parece ser que ha existido un movimiento de cierta relevancia dentro del ámbito de la animación profesional para que Dina recuperase sus retratos. De web en web he pasado por la vida de Mengele, de Stan Lee, por las experimentaciones en los campos de concentración, por la historia del Escuadrón 731 del Ejército Imperial Japonés, por textos sobre la historia que os acabo de contar, intentando encontrar esa noticia que dijese que las ilustraciones estaban donde tenían que estar... hasta que he llegado a una fecha desoladora: 29 de julio de 2009. En esa fecha, Dina Babbitt falleció víctima de un cáncer. Jamás pudo recuperar sus obras. Su entrada en la Wikipedia seguía narrando su vida en presente, como si estuvise viva.

El último capítulo de la versión americana original de X-Men: Magneto. Testamento terminó de publicarse en marzo de 2009.

J.

sábado, 26 de diciembre de 2009

10

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el oído que en todo su ancho
Graba noche y día grillos y canarios
Martirios, turbinas, ladridos, chubascos
Y la voz tan tierna de mi bien amado

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario
Con él, las palabras que pienso y declaro
Madre, amigo, hermano
Y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano
Cuando miro el bueno tan lejos del malo
Cuando miro el fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida, gracias a la vida



J.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Mitos navideños

Todo el equipo de los Sueños en la casa de la bruja (esto es, yo), el Unspeakable Vault of Doom y un montón de dioses primigenios os desean felices fiestas. Cuidado con los regalos.

J.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Naturaleza muerta

De la Semana Gótica de Madrid me traje, entre otros, Naturaleza muerta, autografiado por su autor, Víctor Conde. El otro día, en un ataque de curiosidad, lo empecé, y la verdad es que es de los típicos libros que te pones, te pones... te picas y al final no los dejas.

Decía el autor en una de las mesas redondas que es complejo escribir literatura sobre zombis porque el enemigo no es un ente único, no es una personalidad compleja, sino una vastedad, una inmensidad de cadáveres sin emociones, muy difícil de tratar literariamente ya que apenas hay perfil psicológico ni humano -chiste fácil- que tratar. Lo curioso es que Naturaleza muerta sortea este obstáculo sin problemas, estando sus puntos débiles en otros puntos de la novela.

Como si de un videojuego se tratara, pues en ocasiones la narración se asemeja más a una partida de PS3 que a un libro, Conde entra de lleno en un holocausto zombi cañí, localizado en Madrid, con un grupo de supervivientes intentando encontrar una explicación a todo lo que está ocurriendo pero, sobre todo, intentando no caer en las fauces de los zombis -llamados pellejos a lo largo del libro-. El texto, en ocasiones, se convierte en un festival gore en toda regla, y algunas de las escenas -el vagón matadero, por ejemplo-, son verdaderos escenarios de lo grotesco que, como digo, podrían ser llevados a la pantalla en forma de videojuego. Las escenas de acción son trepidantes y viscosas, repugnantes en muchas ocasiones, dantescas por completo en otras. Se llega a tener ese 'gusanillo' en el estómago que provocan no muchas novelas del género, que es la antesala del horror.

El grupo protagonista queda bien descrito, los personajes tienen su trasfondo moral, su perfil psicológico examinado con lupa, sus crisis, sus pensamientos pecaminosos y demás. Todo hecho con oficio, consiguiendo que el lector se interese por los pequeños detalles de cada historia oculta en los sufridores.

Los problemas de Naturaleza muerta están a nivel de argumento. Víctor Conde abre muchas muchas muchas muchas incógnitas a lo largo de las páginas, y luego sólo aclara la principal. Se quedan mil interrogantes colgando como pellejos ensartados, demasiadas preguntas que en su momento hacen que te enganches a la novela, y que cuando faltan 40 páginas descubres con terror que no van a ser resueltas porque es físicamente imposible que dé tiempo. Tanto cabo suelto sólo cabe pensar en un par de cosas: por un lado, que haya una segunda parte -no anunciada-. Por otro, que si no la hay, te sientas un poquito estafado.

Por otra parte, existen ciertas sub-tramas que van demasiado aceleradas y, por descontado, nada explicadas (¿qué hay de los sellos del libro que se abren sin motivo?). Además, pese a que la idea de un holocausto zombi español tiene un encanto particular, hay una vertiente religiosa en la obra que no me cuadra, y la sensación a veces es la misma que pudiera dejar [REC2]. Algo así como 'si no te hubieses metido en esos sembrados, mejor'.

Como tema de reflexión, apunto algo que creo es bastante llamativo (o tal vez es ya deformación profesional, u obsesión, vaya usted a saber). Creo que la sombra de los atentados del 11 de marzo planea sobre esta novela, de la misma manera que el 11-S está en otras de género (y de no género, claro). Esa visión del vagón de metro como trampa mortal... sería interesante poder hablar con Víctor del tema.

Naturaleza muerta me ha dejado con ganas de leer más del escritor. Tiene una narrativa que engancha, de la misma manera que engancha King o Guillermo del Toro. Deficiente a nivel de trama, pero entretenido, y mucho.

J.