domingo, 26 de diciembre de 2010
viernes, 24 de diciembre de 2010
Leyendas ocultas
Cuando estuve en Brown hace algunos años, tuve la oportunidad de estudiar algunos manuscritos, cartas y demás originales de Lovecraft. Entre ellos, había un texto que, por razones que pronto comprenderéis, no ha salido a la luz. Se trata de una carta de Lovecraft escrita a Lord Dunsay en la que hablaba de quién era realmente Abdul Alhazred.
Se ha aceptado comúnmente que el nombre de Abdul Alhazred fue una invención del Lovecraft niño, influenciado por su lectura de Las Mil y Una Noches, pero la versión que el propio HPL relata difiere bastante de la oficial.
Cuenta Lovecraft que descubrió, en 1912, un papiro manuscrito tremendamente antiguo en los depósitos de Brown. Dicho manuscrito narraba, en árabe, la historia acontecida hace unos 2000 años en Oriente Medio. Cuenta la tradición que nació un niño destinado a hacer cosas grandes en su vida, y cuatro ricos científicos de la época quisieron ir a rendir honores al bebé.
El primero de ellos, Melchor, dominaba las artes de los cielos. Sabía guiarse por las estrellas, predecir el tiempo según la posición de los astros, interpretar los signos que nos mandaban las constelaciones.
Gaspar era un galeno conocido en todo Oriente. Sus estudios de anatomía y cirujía se perderían unos siglos después en el incendio que asoló la biblioteca de Alejandría, aunque dicen las malas lenguas que gran parte de las artes que aplicaría Averroes 1000 años después se deben a algunos tomos de Gaspar que se salvaron de la quema.
Balthasar, por su parte, era un enamorado de los animales y las plantas. Se cree que pudo practicar algún tipo de religión animista, y su comunión con la fauna y la flora era tal que le permitía sobrevivir de lo que encontraba en sus numerosas expediciones en solitario a lo largo y ancho del mundo conocido, en las que catalogaba todas las criaturas y plantas que encontraba.
Abdul, el cuarto sabio que partió en la comitiva, era el más tenebroso del grupo. Era un erudito enamorado de la literatura, poeta y compositor de bellas piezas líricas que eran conocidas en los mejores salones de oriente y occidente. Pero Abdul, al parecer, tenía una faceta oculta, pues practicaba artes oscuras, y se creía que poseía el poder de invocar a los gules de Arabia.
Así pues, guiados por las interpretaciones celestiales de Melchor, bajo la protección vital de Gaspar, con un auténtico superviviente como Balthasar y con Abdul como el compañero que aliviaría las largas jornadas de viaje con sus historias, partieron en busca del recién nacido.
Melchor decidió llevar como presente un bonito cofre lleno de monedas de oro, símbolo de las estrellas que nos vigilan día y noche. Gaspar, por su parte, portaba incienso, pues se le atribuían sensacionales virtudes curativas de los males del alma. Balthasar llevaba una bonita bolsa de terciopelo llena de mirra, muy valiosa, que pudo ir recogiendo durante el trayecto. Abdul, por su parte, llevaba un pesado volumen encuadernado en piel, titulado Necronomicon, con el que pretendía permitir al elegido iniciar sus andanzas en las artes mágicas.
Mediado el viaje, algo terrible ocurrió. Al parecer, mientras los cuatro sabios cruzaban el desierto de Arabia, al atardecer, cuando el viaje era más llevadero, Abdul cayó arrancado de su montura. Los otros tres se detuvieron y se bajaron a socorrerlo, pero lo único que pudieron hacer fue contemplar aterrados cómo unas garras invisibles ajaban su piel y su alma. El cuerpo del sabio se elevaba incomprensiblemente en el aire, desgarrándose las telas y la carne, mientras los gritos de Abdul se perdían, junto con su espíritu, en el infinito de arena.
Cuando por fin cayó al suelo, completamente destrozado, poco pudo Gaspar hacer por él, salvo cerrarle los párpados y ocultar la mirada de terror con la que había fallecido. Entre los tres, enterraron a Abdul y todas sus pertenencias, incluido el libro, en el desierto. Terminaron el viaje sin ningún contratiempo más, y decidieron olvidar, por el bien de su propia salud mental, todo lo que habían visto.
Felices fiestas desde los Sueños en la casa de la bruja.
J.
Se ha aceptado comúnmente que el nombre de Abdul Alhazred fue una invención del Lovecraft niño, influenciado por su lectura de Las Mil y Una Noches, pero la versión que el propio HPL relata difiere bastante de la oficial.
Cuenta Lovecraft que descubrió, en 1912, un papiro manuscrito tremendamente antiguo en los depósitos de Brown. Dicho manuscrito narraba, en árabe, la historia acontecida hace unos 2000 años en Oriente Medio. Cuenta la tradición que nació un niño destinado a hacer cosas grandes en su vida, y cuatro ricos científicos de la época quisieron ir a rendir honores al bebé.
El primero de ellos, Melchor, dominaba las artes de los cielos. Sabía guiarse por las estrellas, predecir el tiempo según la posición de los astros, interpretar los signos que nos mandaban las constelaciones.
Gaspar era un galeno conocido en todo Oriente. Sus estudios de anatomía y cirujía se perderían unos siglos después en el incendio que asoló la biblioteca de Alejandría, aunque dicen las malas lenguas que gran parte de las artes que aplicaría Averroes 1000 años después se deben a algunos tomos de Gaspar que se salvaron de la quema.
Balthasar, por su parte, era un enamorado de los animales y las plantas. Se cree que pudo practicar algún tipo de religión animista, y su comunión con la fauna y la flora era tal que le permitía sobrevivir de lo que encontraba en sus numerosas expediciones en solitario a lo largo y ancho del mundo conocido, en las que catalogaba todas las criaturas y plantas que encontraba.
Abdul, el cuarto sabio que partió en la comitiva, era el más tenebroso del grupo. Era un erudito enamorado de la literatura, poeta y compositor de bellas piezas líricas que eran conocidas en los mejores salones de oriente y occidente. Pero Abdul, al parecer, tenía una faceta oculta, pues practicaba artes oscuras, y se creía que poseía el poder de invocar a los gules de Arabia.
Así pues, guiados por las interpretaciones celestiales de Melchor, bajo la protección vital de Gaspar, con un auténtico superviviente como Balthasar y con Abdul como el compañero que aliviaría las largas jornadas de viaje con sus historias, partieron en busca del recién nacido.
Melchor decidió llevar como presente un bonito cofre lleno de monedas de oro, símbolo de las estrellas que nos vigilan día y noche. Gaspar, por su parte, portaba incienso, pues se le atribuían sensacionales virtudes curativas de los males del alma. Balthasar llevaba una bonita bolsa de terciopelo llena de mirra, muy valiosa, que pudo ir recogiendo durante el trayecto. Abdul, por su parte, llevaba un pesado volumen encuadernado en piel, titulado Necronomicon, con el que pretendía permitir al elegido iniciar sus andanzas en las artes mágicas.
Mediado el viaje, algo terrible ocurrió. Al parecer, mientras los cuatro sabios cruzaban el desierto de Arabia, al atardecer, cuando el viaje era más llevadero, Abdul cayó arrancado de su montura. Los otros tres se detuvieron y se bajaron a socorrerlo, pero lo único que pudieron hacer fue contemplar aterrados cómo unas garras invisibles ajaban su piel y su alma. El cuerpo del sabio se elevaba incomprensiblemente en el aire, desgarrándose las telas y la carne, mientras los gritos de Abdul se perdían, junto con su espíritu, en el infinito de arena.
Cuando por fin cayó al suelo, completamente destrozado, poco pudo Gaspar hacer por él, salvo cerrarle los párpados y ocultar la mirada de terror con la que había fallecido. Entre los tres, enterraron a Abdul y todas sus pertenencias, incluido el libro, en el desierto. Terminaron el viaje sin ningún contratiempo más, y decidieron olvidar, por el bien de su propia salud mental, todo lo que habían visto.
Felices fiestas desde los Sueños en la casa de la bruja.
J.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
Lo que se cuenta sobre Lovecraft
Lovecraft murió en el 37, a los 47 años, sin llegar a ser reconocido en ningún momento como un escritor notable en el mundo de las letras. Aunque pueda pensarse lo contrario, sí que se escribieron relativamente bastantes cosas sobre él mientras vivía y al poco de su muerte. El principal problema es que la mayoría de los textos sobre la vida y obra del de Providence aparecían en revistas amateur, pulp fictions y similares, e iban firmadas por amigos, vecinos, conocidos del escritor. La mayoría de estas memoralias son, a lo sumo, entrañables, pero tienen poco o nada que rumiar sobre la obra literaria del autor, ya que al menos todo lo que el que firma estas líneas ha conseguido leer no dejan de ser retratos amables y agradecidos al caballero de Rhode Island.
A la muerte de Lovecraft llegó el silencio. Tras algunas tímidas apariciones en Weird Tales y la edición de Rhode Island on Lovecraft a cargo de Grant (volumen que incluye cinco textos de cinco conocidos del escritor), apareció en el 45 H.P.L.: A Memoir, un estudio crítico-biográfico a cargo del polémico albacea literario de Lovecraft, August Derleth.
A estas tempranas reacciones siguieron un par de décadas de olvido casi absoluto -salvo las esporádicas apariciones de firmas amigas y reediciones en las revistas pulp-. Hasta que en Francia Maurice Lévy defendió su tesis doctoral en la Sorbona en 1969, y publicó posteriormente el volumen Lovecraft ou du fantastique, que se puede considerar el primer estudio académico sobre HPL.
Desde entonces y hasta 1999 ha habido un ligero pero constante goteo de obras sobre Lovecraft. Muchas de ellas son verdaderas tomaduras de pelo, otras, una minoría, son muy buenas aproximaciones al autor. La biografía de Joshi Lovecraft: A Life (1996), es sin dudarlo el estudio más riguroso de su vida, y debería de hacer que a Sprague de Camp se le cayese la cara de vergüenza por la biografía que publicó en 1975. Burleson nos dejó una perla deconstructiva en 1990, Lovecraft: Disturbing the Universe, que es el primer acercamiento post-estructuralista al autor del que tengo conocimiento. Mosig, dentro de su volumen Mosig at Last: A Psychologist Looks at Lovecraft, nos brinda algunos ensayos magníficos sobre HPL. Y no puede quedar sin mencionar H.P. Lovecraft. Contre le monde, contre la vie, de Houellebecq, que es posiblemente el mejor ensayo introductorio que se ha escrito (y se escribirá) sobre Lovecraft. Un texto visceral y maravilloso que es el primer paso ideal para entrar en profundidad en la figura del de Providence.
El 99 es un año importante para Lovecraft, pues la editorial Penguin comienza a publicar sus textos en la colección Penguin New Classics, en tres volúmenes editados por Joshi. Esto supone el reconocimiento a nivel mundial de Lovecraft como escritor canónico, y a partir de aquí se produce un boom sobre Lovecraft, con muchísimas ediciones no siempre recomendables (de hecho, no recomendables en la mayor parte de los casos) de monografías sobre HPL. Vuelven a aparecer memorabilias, libros de recuerdos, cartas, etc., interesantes a nivel biográfico, pero pocos acercamientos originales, salvo honrosas excepciones. Entre ellas está el libro de David Oakes Science and Destabilization in the Modern American Gothic: Lovecraft, Matheson and King, un estudio de las relaciones ciencia-literatura-realidad en esos tres escritores tan queridos por un servidor. Un volumen original y diferente, desde luego, que ofrece un poquito de aire fresco a un panorama saturado de libros que dan mil vueltas a lo mismo sin aportar apenas nada nuevo.
Comienzan también a publicarse libros con ensayos 'perdidos' en el mundo del pulp, y hace un par de años, incluso, se publica un libro en España con motivo de la celebración de un congreso en la Universidad Carlos III de Madrid sobre la figura de HPL. Cuadernos del abismo, editado por Broncano y Hernández de la Fuente, incluye un puñado de artículos y de textos literarios en homenaje al autor. Algunos de los ensayos son notables, como el de Torres Oliver sobre las raíces góticas de Lovecraft.
Mirando el colectivo de lo que hay hasta hoy sobre Lovecraft (que me ha llevado algo más de tiempo que redactar esta versión condensada XD), puedo concluir y concluyo que sobre Lovecraft se ha escrito un volumen más o menos considerable de papel, pero la mayor parte es completamente prescindible por ser repeticiones de los mismos temas una y otra vez, y hay pocos ensayos sesudos y originales sobre el escritor. Espero que, en unos años, la cosa cambie y yo pueda colaborar a ello.
J.
A la muerte de Lovecraft llegó el silencio. Tras algunas tímidas apariciones en Weird Tales y la edición de Rhode Island on Lovecraft a cargo de Grant (volumen que incluye cinco textos de cinco conocidos del escritor), apareció en el 45 H.P.L.: A Memoir, un estudio crítico-biográfico a cargo del polémico albacea literario de Lovecraft, August Derleth.
A estas tempranas reacciones siguieron un par de décadas de olvido casi absoluto -salvo las esporádicas apariciones de firmas amigas y reediciones en las revistas pulp-. Hasta que en Francia Maurice Lévy defendió su tesis doctoral en la Sorbona en 1969, y publicó posteriormente el volumen Lovecraft ou du fantastique, que se puede considerar el primer estudio académico sobre HPL.
Desde entonces y hasta 1999 ha habido un ligero pero constante goteo de obras sobre Lovecraft. Muchas de ellas son verdaderas tomaduras de pelo, otras, una minoría, son muy buenas aproximaciones al autor. La biografía de Joshi Lovecraft: A Life (1996), es sin dudarlo el estudio más riguroso de su vida, y debería de hacer que a Sprague de Camp se le cayese la cara de vergüenza por la biografía que publicó en 1975. Burleson nos dejó una perla deconstructiva en 1990, Lovecraft: Disturbing the Universe, que es el primer acercamiento post-estructuralista al autor del que tengo conocimiento. Mosig, dentro de su volumen Mosig at Last: A Psychologist Looks at Lovecraft, nos brinda algunos ensayos magníficos sobre HPL. Y no puede quedar sin mencionar H.P. Lovecraft. Contre le monde, contre la vie, de Houellebecq, que es posiblemente el mejor ensayo introductorio que se ha escrito (y se escribirá) sobre Lovecraft. Un texto visceral y maravilloso que es el primer paso ideal para entrar en profundidad en la figura del de Providence.
El 99 es un año importante para Lovecraft, pues la editorial Penguin comienza a publicar sus textos en la colección Penguin New Classics, en tres volúmenes editados por Joshi. Esto supone el reconocimiento a nivel mundial de Lovecraft como escritor canónico, y a partir de aquí se produce un boom sobre Lovecraft, con muchísimas ediciones no siempre recomendables (de hecho, no recomendables en la mayor parte de los casos) de monografías sobre HPL. Vuelven a aparecer memorabilias, libros de recuerdos, cartas, etc., interesantes a nivel biográfico, pero pocos acercamientos originales, salvo honrosas excepciones. Entre ellas está el libro de David Oakes Science and Destabilization in the Modern American Gothic: Lovecraft, Matheson and King, un estudio de las relaciones ciencia-literatura-realidad en esos tres escritores tan queridos por un servidor. Un volumen original y diferente, desde luego, que ofrece un poquito de aire fresco a un panorama saturado de libros que dan mil vueltas a lo mismo sin aportar apenas nada nuevo.
Comienzan también a publicarse libros con ensayos 'perdidos' en el mundo del pulp, y hace un par de años, incluso, se publica un libro en España con motivo de la celebración de un congreso en la Universidad Carlos III de Madrid sobre la figura de HPL. Cuadernos del abismo, editado por Broncano y Hernández de la Fuente, incluye un puñado de artículos y de textos literarios en homenaje al autor. Algunos de los ensayos son notables, como el de Torres Oliver sobre las raíces góticas de Lovecraft.
Mirando el colectivo de lo que hay hasta hoy sobre Lovecraft (que me ha llevado algo más de tiempo que redactar esta versión condensada XD), puedo concluir y concluyo que sobre Lovecraft se ha escrito un volumen más o menos considerable de papel, pero la mayor parte es completamente prescindible por ser repeticiones de los mismos temas una y otra vez, y hay pocos ensayos sesudos y originales sobre el escritor. Espero que, en unos años, la cosa cambie y yo pueda colaborar a ello.
J.
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martes, 2 de noviembre de 2010
Manifiesto por una universidad libre de pseudociencia y oscurantismo
Aquí os dejo, gracias a CienciaKanija (que a su vez lo toma de La Ciencia y Sus Demonios), un manifiesto que servidor ha suscrito gustosamente. Si lo creeis conveniente, unios a la firma.
MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO
Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:
La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.
La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.
No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.
En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.
Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.
Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.
Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.
En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.
Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.
Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.
Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.
FIRMAR EL MANIFIESTO
MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO
Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:
La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.
La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.
No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.
En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.
Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.
Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.
Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.
En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.
Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.
Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.
Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.
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Abdul Alhazred
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martes, 5 de octubre de 2010
En la Garra de U2
Hace aproximadamente un año me levanté temprano. El despertador me sacó de la cama a eso de las 6. El cielo estaba bastante gris, así que no me quedó otra que maldecir y coger un paraguas por lo que pudiera pasar. Salí de casa, me dirigí a la cola más cercana y me puse a esperar. Después de unas 3 horas y media, conseguí una entrada para ver mi segundo concierto de U2. No llovió.
Hace 5 días me levanté temprano. El despertador me sacó de la cama algo antes de las 7. El cielo estaba despejado, así que me dejé el paraguas atrás -si llega a estar encapotado, hubiese actuado igual-. Un tren me llevó a Sevilla con hermano y cuñada, y cuando quise acordar estaba en una cola, algo antes de las 10 de la mañana, con 900 personas delante.
Todo aquello estaba bastante bien organizado si lo comparamos con el infierno que viví hace cuatro o cinco años en Madrid, en el Calderón. Había muchísima sombra y bastante orden. Se presentaba un día largo y caluroso, que fue relativamente suavizado por unos fantásticos banquillos de 4€, croquetas, tortillas, fresas (sí, fresas), patatas fritas y demás historias.
Algo antes de las 5 de la tarde, como si de la mismísima final del mundial se tratase, accedí al Estadio Olímpico de la Cartuja por un túnel de entrada descomunal. Es la primera vez que me doy tamaña carrera por todo un campo de fútbol desde el concierto del Calderón...
Después de la carrera todo adquirió sentido. Estaba a escasos 5 ó 6 metros del escenario, en la parte del montaje conocida como el anillo. Detrás, a una distancia similar, me rodeaba una pasarela que formaba parte de la Garra. Miré hacia arriba, los 40 metros largos de hierro y altavoces que componían el mastodonte que me acababa de, literalmente, atrapar.
Pasó el tiempo, el sol se marchó (por fin!), escondido tras los muros del estadio. Aparecieron Interpol. Aburridísimos, insulsos y repetitivos. Más cansancio para el cuerpo. Más tiempo esperando. Llegó la noche. Y con ella, U2.
Eran las 21.45 aproximadamente, y durante las siguientes dos horas y cuarto dudé de si me encontraba en Sevilla o en algún vídeo musical marciano. La Garra es lo más brutal que he visto de puesta en escena en mi vida. Supera los montajes anteriores de U2, cualquier montaje que haya visto de los Rollings, de Rammstein... todo. La Garra te absorbe, te agarra, te zarandea. Y U2 la maneja. Cuatro tipos que van para viejos doman a golpe de cuerdas, voz y platos a una estructura descomunal, para evitar que nos aplaste tal demostración de tecnología y espectáculo. Porque, a fin de cuentas, estábamos viendo a U2, no un escenario.
Bono estaba en forma y se metió en el bolsillo a 80.000 personas en un momento. No parecía resentido de la espalda, y su voz se ha recuperado de aquella etapa oscura del PopMart. La selección de temas no fue nada arriesgada, salvo la muy gratísima sorpresa de 'Ultraviolet'. Mucho repertorio clásico y varios temas del último disco, así como alguna canción nueva. La versión de 'I'll Go Crazy if I Don't Go Crazy Tonight' fue demasiado movida para mi gusto. Se la cargaron. Eché muchísimo de menos 'Fez-Being Born', 'White as Snow' y 'No Line On the Horizon'. Tal vez en otra ocasión...
Es imposible describir todo el espectáculo, todo lo que se siente con cada canción de una banda que me ha acompañado durante media vida. La noche fue una fusión perfecta entre espectáculo de techno-circo y musical. El escenario se convierte en una sorpresa continua, con su infinito número de leds, pasarelas, puentes móviles, focos, proyectores de humo... Es tratar de verbalizar el por qué merece la pena acabar con dolores en las pestañas por dos horas de música.
Me estoy haciendo viejo. La siguiente será desde las gradas.
Eso dije también al salir del Calderón...
J.
Hace 5 días me levanté temprano. El despertador me sacó de la cama algo antes de las 7. El cielo estaba despejado, así que me dejé el paraguas atrás -si llega a estar encapotado, hubiese actuado igual-. Un tren me llevó a Sevilla con hermano y cuñada, y cuando quise acordar estaba en una cola, algo antes de las 10 de la mañana, con 900 personas delante.
Todo aquello estaba bastante bien organizado si lo comparamos con el infierno que viví hace cuatro o cinco años en Madrid, en el Calderón. Había muchísima sombra y bastante orden. Se presentaba un día largo y caluroso, que fue relativamente suavizado por unos fantásticos banquillos de 4€, croquetas, tortillas, fresas (sí, fresas), patatas fritas y demás historias.
Algo antes de las 5 de la tarde, como si de la mismísima final del mundial se tratase, accedí al Estadio Olímpico de la Cartuja por un túnel de entrada descomunal. Es la primera vez que me doy tamaña carrera por todo un campo de fútbol desde el concierto del Calderón...
Después de la carrera todo adquirió sentido. Estaba a escasos 5 ó 6 metros del escenario, en la parte del montaje conocida como el anillo. Detrás, a una distancia similar, me rodeaba una pasarela que formaba parte de la Garra. Miré hacia arriba, los 40 metros largos de hierro y altavoces que componían el mastodonte que me acababa de, literalmente, atrapar.
Pasó el tiempo, el sol se marchó (por fin!), escondido tras los muros del estadio. Aparecieron Interpol. Aburridísimos, insulsos y repetitivos. Más cansancio para el cuerpo. Más tiempo esperando. Llegó la noche. Y con ella, U2.
Eran las 21.45 aproximadamente, y durante las siguientes dos horas y cuarto dudé de si me encontraba en Sevilla o en algún vídeo musical marciano. La Garra es lo más brutal que he visto de puesta en escena en mi vida. Supera los montajes anteriores de U2, cualquier montaje que haya visto de los Rollings, de Rammstein... todo. La Garra te absorbe, te agarra, te zarandea. Y U2 la maneja. Cuatro tipos que van para viejos doman a golpe de cuerdas, voz y platos a una estructura descomunal, para evitar que nos aplaste tal demostración de tecnología y espectáculo. Porque, a fin de cuentas, estábamos viendo a U2, no un escenario.
Bono estaba en forma y se metió en el bolsillo a 80.000 personas en un momento. No parecía resentido de la espalda, y su voz se ha recuperado de aquella etapa oscura del PopMart. La selección de temas no fue nada arriesgada, salvo la muy gratísima sorpresa de 'Ultraviolet'. Mucho repertorio clásico y varios temas del último disco, así como alguna canción nueva. La versión de 'I'll Go Crazy if I Don't Go Crazy Tonight' fue demasiado movida para mi gusto. Se la cargaron. Eché muchísimo de menos 'Fez-Being Born', 'White as Snow' y 'No Line On the Horizon'. Tal vez en otra ocasión...
Es imposible describir todo el espectáculo, todo lo que se siente con cada canción de una banda que me ha acompañado durante media vida. La noche fue una fusión perfecta entre espectáculo de techno-circo y musical. El escenario se convierte en una sorpresa continua, con su infinito número de leds, pasarelas, puentes móviles, focos, proyectores de humo... Es tratar de verbalizar el por qué merece la pena acabar con dolores en las pestañas por dos horas de música.
Me estoy haciendo viejo. La siguiente será desde las gradas.
Eso dije también al salir del Calderón...
J.
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Abdul Alhazred
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Etiquetas: música
jueves, 23 de septiembre de 2010
August Derleth asesinó a Lovecraft
Para que el nacimiento de una corriente artística o de pensamiento de cierta importancia histórica tenga lugar, es bastantemente frecuente que se produzca el freudiano fenómeno de matar al padre. Así, por ejemplo, el Romanticismo fundó sus cimientos con la pretensión de acuchillar los principios neoclásicos e ilustrados.
Ocurre que muchos discípulos también matan a su mentor para poder echar a volar. De manera más o menos bienintencionada, August Derleth traicionó y acuchilló por la espalda los principios filosóficos y literarios de Lovecraft.
Pero vayamos poco a poco. Derleth fue uno de los principales discípulos literarios de Lovecraft. Con él mantuvo muchísima correspondencia, y se convirtió finalmente en albacea literario de la obra del de Providence. Fue Derleth quién fundó la editorial Arkham House, y a Derleth le debemos gran parte del enorme trabajo de compilación y perpetuación de la obra de Lovecraft. Creo que es innegable el reconocimiento que se merece por esta labor, de todas todas.
Si todo lo que hizo Derleth por Lovecraft se hubiese quedado en la labor editorial, la academia y muchos de los lectores y seguidores en profundidad del trabajo de HPL le estaríamos eternamente agradecidos. Pero Derleth, además, pensó que tenía capacidad suficiente, junto con otro grupo de escritores -el denominado Círculo de Lovecraft-, de escribir relatos 'a la manera de Lovecraft', ampliando su pseudomitología, alterando significados y, en general, poniendo patas arriba la columna vertebral de gran parte de la obra del tito Howard.
Los Primigenios lovecraftianos (Cthulhu, Nyarlathothep & co.) no eran necesariamente malvados, ni personificaban el infierno, el mal o algo así. De hecho, un dios exterior no deja de ser una entidad que está más allá del entendimiento humano, es algo incognoscible que no entiende de blanco ni negro, de bien ni mal, de miedo o felicidad, y las formas de vida de nuestro planeta podrían tener para ellos el mismo interés y relevancia que para nosotros tienen las hormigas. De esa falla entre el conocimiento humano y la incapacidad de cognoscer el Mito de Lovecraft surge, en parte, el terror atávico y cósmico.
Cuando Derleth escribió, decidió darle un sesgo mucho más religioso y pueril a todo el asunto. los Primigenios, de repente, pasaban a formar parte del mal, y para equilibrarlos, Derleth creó nuevos dioses exteriores, que eran del bando 'de los buenos'. Todos ellos luchaban por salvar-aniquilar la especie humana. Simple, estúpido, manido y, ante todo, diametralmente opuesto a la filosofía de HPL. Por otra parte, en un alarde de cretinismo sin precedentes, Derleth aseguró que Lovecraft pretendía dar un carácter elemental a los Primigenios, siendo Cthulhu, por ejemplo, la representación del agua (obviemos, por tanto, el hecho de que el bueno de Cthulhu tiene alas y se encuentra sumergido bajo agua PRISIONERO en R'lyeh, tal y como agudamente apunta Mosig en Mosig at Last).
A Derleth, además, le debemos el ¿honor? de haber creado el término de 'Mitos de Cthulhu'. Varias voces se han alzado contra esta denominación -Mosig entre ellos-, prefiriendo el uso del término de 'Ciclos de Mitos de Yog-Sothoth'. Personalmente creo que el título adoptado por Derleth fue mucho menos representativo en su momento, ya que, desde luego, Cthulhu no deja de ser un Primigenio menor dentro de la cosmología lovecraftiana, si lo comparamos con Yog-Sothoth, que viene a ser el gran capo de estos bicharracos. Por ese particular, siendo Yog-Sothoth el origen y el final, la denominación yog-sothothiana es más apropiada a nivel formal, pero considero que hoy por hoy la figura de Cthulhu ha traspasado fronteras culturales, y está mucho más asociada a HPL que el bueno de Sothothy.
J.
Ocurre que muchos discípulos también matan a su mentor para poder echar a volar. De manera más o menos bienintencionada, August Derleth traicionó y acuchilló por la espalda los principios filosóficos y literarios de Lovecraft.
Pero vayamos poco a poco. Derleth fue uno de los principales discípulos literarios de Lovecraft. Con él mantuvo muchísima correspondencia, y se convirtió finalmente en albacea literario de la obra del de Providence. Fue Derleth quién fundó la editorial Arkham House, y a Derleth le debemos gran parte del enorme trabajo de compilación y perpetuación de la obra de Lovecraft. Creo que es innegable el reconocimiento que se merece por esta labor, de todas todas.
Si todo lo que hizo Derleth por Lovecraft se hubiese quedado en la labor editorial, la academia y muchos de los lectores y seguidores en profundidad del trabajo de HPL le estaríamos eternamente agradecidos. Pero Derleth, además, pensó que tenía capacidad suficiente, junto con otro grupo de escritores -el denominado Círculo de Lovecraft-, de escribir relatos 'a la manera de Lovecraft', ampliando su pseudomitología, alterando significados y, en general, poniendo patas arriba la columna vertebral de gran parte de la obra del tito Howard.
Los Primigenios lovecraftianos (Cthulhu, Nyarlathothep & co.) no eran necesariamente malvados, ni personificaban el infierno, el mal o algo así. De hecho, un dios exterior no deja de ser una entidad que está más allá del entendimiento humano, es algo incognoscible que no entiende de blanco ni negro, de bien ni mal, de miedo o felicidad, y las formas de vida de nuestro planeta podrían tener para ellos el mismo interés y relevancia que para nosotros tienen las hormigas. De esa falla entre el conocimiento humano y la incapacidad de cognoscer el Mito de Lovecraft surge, en parte, el terror atávico y cósmico.
Cuando Derleth escribió, decidió darle un sesgo mucho más religioso y pueril a todo el asunto. los Primigenios, de repente, pasaban a formar parte del mal, y para equilibrarlos, Derleth creó nuevos dioses exteriores, que eran del bando 'de los buenos'. Todos ellos luchaban por salvar-aniquilar la especie humana. Simple, estúpido, manido y, ante todo, diametralmente opuesto a la filosofía de HPL. Por otra parte, en un alarde de cretinismo sin precedentes, Derleth aseguró que Lovecraft pretendía dar un carácter elemental a los Primigenios, siendo Cthulhu, por ejemplo, la representación del agua (obviemos, por tanto, el hecho de que el bueno de Cthulhu tiene alas y se encuentra sumergido bajo agua PRISIONERO en R'lyeh, tal y como agudamente apunta Mosig en Mosig at Last).
A Derleth, además, le debemos el ¿honor? de haber creado el término de 'Mitos de Cthulhu'. Varias voces se han alzado contra esta denominación -Mosig entre ellos-, prefiriendo el uso del término de 'Ciclos de Mitos de Yog-Sothoth'. Personalmente creo que el título adoptado por Derleth fue mucho menos representativo en su momento, ya que, desde luego, Cthulhu no deja de ser un Primigenio menor dentro de la cosmología lovecraftiana, si lo comparamos con Yog-Sothoth, que viene a ser el gran capo de estos bicharracos. Por ese particular, siendo Yog-Sothoth el origen y el final, la denominación yog-sothothiana es más apropiada a nivel formal, pero considero que hoy por hoy la figura de Cthulhu ha traspasado fronteras culturales, y está mucho más asociada a HPL que el bueno de Sothothy.
J.
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Abdul Alhazred
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Etiquetas: literatura, tesis
jueves, 9 de septiembre de 2010
Lo que hacen los mejores profesores universitarios
Con este título tan autoexplicativo se presenta uno de los libros que más me han hecho pensar en los últimos tiempos.
Ken Bain, autor del ensayo, expone en las páginas de Lo que hacen los mejores profesores universitarios los resultados de un trabajo de investigación de campo realizado en diversas universidades de toda índole (privadas, públicas, con mejores y peores rankings, en grandes metrópolis y pequeñas ciudades...). En dicho trabajo se ha analizado la forma de trabajar de más de medio centenar de profesores que, siguiendo diferentes criterios (entrevistas con ellos, evaluación y entrevistas con alumnos, resultados de los cursos que imparten, opinión de compañeros...), se han considerado como excelentes docentes.
El recorrido, ameno y didáctico -no podía ser de otra forma-, por la formas de ver la enseñanza de estos verdaderos maestros es un documento que clama por un cambio en la visión de la educación universitaria, un canto al intercambio de conocimientos y a la valoración del aprendizaje y de cada alumno como ente individual y único. El libro analiza el proceso de enseñanza-aprendizaje desde diversos ángulos, de la preparación de las clases a la evaluación, del trato al estudiante al cómo impartir la docencia. Pero que nadie se engañe, en los primeros compases ya se deja bien claro que el libro no pauta las fórmulas magistrales para convertirse de la noche a la mañana en un gran profesor universitario. Muy al contrario, en vez de dar recetas milagrosas, se reflexiona sobre el aprendizaje en sí mismo, y queda claro que para poder alcanzar unos niveles docentes magistrales se hace muy necesario un cambio de mentalidad del profesor medio en muchos, muchos aspectos.
Para mí, que me encuentro en los primeros compases de la enseñanza universitaria, el texto ha resultado ser un cúmulo de situaciones sobre las que pensar, un aporte infinito de ideas que no dejaban de corretear por mi cabeza conforme iba avanzando en las páginas (tal ha sido el estímulo que en ocasiones me dificultaba la lectura, pues me ponía hipotéticos casos prácticos mentales y empezaba a divagar bastante).
El libro es una obra de gran valor tanto para profesores como para estudiantes, un auténtico pozo de 'food for thought' para todos los que se mueven en el ambiente de la enseñanza universitaria y que sienten que algo chirría en las aulas en algunas ocasiones. Los planteamientos didácticos del selecto grupo de docentes son a veces sorprendentes, otras tremendamente obvios pero no tan fáciles de llevar a la práctica, pero siempre, siempre, teniendo presente que el proceso de enseñanza-aprendizaje es algo bidireccional, nunca unidireccional.
La reflexión última que, de manera bastante triste, se puede extraer del libro, es que, como ya he apuntado, los planteamientos que estas decenas de profesores poseen distan mucho de la media que se puede encontrar a nuestro alrededor. Un cambio en la concepción básica de la educación sería necesario para que más profesores así proliferasen en las aulas. Agarrarse al modelo tradicional es cómodo, tremendamente cómodo, pero paraos a pensar un momento en los profesores que realmente recordais: ¿qué era lo que los hacía engancharos? ¿qué sacó de vosotros? Yo lo tengo claro, y este libro ha confirmado mis sospechas.
J.
Ken Bain, autor del ensayo, expone en las páginas de Lo que hacen los mejores profesores universitarios los resultados de un trabajo de investigación de campo realizado en diversas universidades de toda índole (privadas, públicas, con mejores y peores rankings, en grandes metrópolis y pequeñas ciudades...). En dicho trabajo se ha analizado la forma de trabajar de más de medio centenar de profesores que, siguiendo diferentes criterios (entrevistas con ellos, evaluación y entrevistas con alumnos, resultados de los cursos que imparten, opinión de compañeros...), se han considerado como excelentes docentes.
El recorrido, ameno y didáctico -no podía ser de otra forma-, por la formas de ver la enseñanza de estos verdaderos maestros es un documento que clama por un cambio en la visión de la educación universitaria, un canto al intercambio de conocimientos y a la valoración del aprendizaje y de cada alumno como ente individual y único. El libro analiza el proceso de enseñanza-aprendizaje desde diversos ángulos, de la preparación de las clases a la evaluación, del trato al estudiante al cómo impartir la docencia. Pero que nadie se engañe, en los primeros compases ya se deja bien claro que el libro no pauta las fórmulas magistrales para convertirse de la noche a la mañana en un gran profesor universitario. Muy al contrario, en vez de dar recetas milagrosas, se reflexiona sobre el aprendizaje en sí mismo, y queda claro que para poder alcanzar unos niveles docentes magistrales se hace muy necesario un cambio de mentalidad del profesor medio en muchos, muchos aspectos.
Para mí, que me encuentro en los primeros compases de la enseñanza universitaria, el texto ha resultado ser un cúmulo de situaciones sobre las que pensar, un aporte infinito de ideas que no dejaban de corretear por mi cabeza conforme iba avanzando en las páginas (tal ha sido el estímulo que en ocasiones me dificultaba la lectura, pues me ponía hipotéticos casos prácticos mentales y empezaba a divagar bastante).
El libro es una obra de gran valor tanto para profesores como para estudiantes, un auténtico pozo de 'food for thought' para todos los que se mueven en el ambiente de la enseñanza universitaria y que sienten que algo chirría en las aulas en algunas ocasiones. Los planteamientos didácticos del selecto grupo de docentes son a veces sorprendentes, otras tremendamente obvios pero no tan fáciles de llevar a la práctica, pero siempre, siempre, teniendo presente que el proceso de enseñanza-aprendizaje es algo bidireccional, nunca unidireccional.
La reflexión última que, de manera bastante triste, se puede extraer del libro, es que, como ya he apuntado, los planteamientos que estas decenas de profesores poseen distan mucho de la media que se puede encontrar a nuestro alrededor. Un cambio en la concepción básica de la educación sería necesario para que más profesores así proliferasen en las aulas. Agarrarse al modelo tradicional es cómodo, tremendamente cómodo, pero paraos a pensar un momento en los profesores que realmente recordais: ¿qué era lo que los hacía engancharos? ¿qué sacó de vosotros? Yo lo tengo claro, y este libro ha confirmado mis sospechas.
J.
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Abdul Alhazred
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Etiquetas: educación, literatura
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