martes, 13 de noviembre de 2007

Cuando la poesía se hace música

Ellos son parte de una elite (que sí, que elite se puede escribir sin tilde). Son un puñado de agraciados que, inspirados por las musas, son capaces de hacer surgir toda la literatura que tienen dentro, ponerle música, y crear joyas sonoras. Aquí tenéis los que son, sin duda, algunos de los mejores tropos de la música española. Sin palabras me quedo:

'Pilas alcalinas pa mi corazón cansado' (José Mercé)

'No hay marcha en Nueva York, y los jamones son de york' (Mecano)

'Suerte que mis pechos sean pequeños y no los confundas con montañas' (Shakira)

'Sufre mamón. Devuélveme a mi chica o te retorcerás entre polvos picapica' (Hombres G)

'Sarandonga... nos vamos a comé... Sarandonga... un arroz con bacalao' (Lolita)

'Muevo la cabeza, muevo el esternón, muevo la cadera siempre que tengo ocasión' (Alaska)

'Cuando crees que me ves, cruzo la pared. Hago 'chas' y aparezco a tu lado' (Alex y Cristina)

'Señorita azafata el menú me ha hecho daño. Sería usted tan grata de acercarme al baño uoouo' (Mecano x2)

'Bulería bulería, tan dentro del alma mía' (Bisbal)

'No seas membrillo y permite pasar' (Héroes del Silencio)

'Voy contra el viento sideral. Revoluciones que vendrán. Pero una estrella lleva tu nombre' (Macaco)

'Saber que piensas volver algun día cuando los sapos bailen flamenco. Y yo te espero, ya ves, aunque no entiendo bien que los sapos puedan dejar de saltar y bailar lejos de su charca' (Ella Baila Sola)

'Porque yo lucho, yo lucho, y después siempre me ducho' (Kiko Veneno)

'Se me jode el coche, me deja mi novia, qué mareo cuando subo a la noria. No estoy moreno, estoy quemado, y los mosquitos me han destrozado' (Hombres G x2)

'Bailar pegados es bailar igual que baila el mar con los delfines' (Sergio Dalma)

'La barbacoa, la barbacoa, cómo me gusta... la barbekiú' (Georgie Dann)

'Más triste que un torero al otro lado del telón de acero' (Sabina)

'Mami qué será lo que tiene el negro' (Georgie Dann x2)

Bueno, a ver cuántos fundamentalistas musicales saltan... antes de que os pongáis hechos unos basiliscos, que nos conocemos, que quede claro que a mí me gustan algunos (sólo algunos) de los arriba figurantes, ¿eh?

¿Qué? ¿Tenéis alguna aportación?

J.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Agonías y reyes

Antes de nada, os informo del resultado de la 'locura literaria' de la que os hablaba en el post anterior... No lo conseguí :P El caso es que me fusilé en menos de un día 250 de las 300 páginas del libro, y si hubiese apretado un poquito, me lo hubiese terminado entero, pero la verdad es que tampoco quise agobiarme con el tema, y como ya llevaba buena parte leída, iba más que sobrado. En cuanto lo termine, pongo la crítica por aquí.

Este fin de semana, tras una visita exprés a Madrid, me he traído una pequeña angustia existencial, que ya tenía desde hace tiempo, pero que cada vez que paso por sitios así, crece un poquitín más. Se trata del sentimiento de agobio que te da entrar en una sección de librería como la de Fnac o en una librería como la Casa del Libro. Te pones a dar una vuelta por allí, a mirar un poquito lo que tienen, cómo andan de fondos, y empiezas a hacer anotaciones mentales de libros que quieres leerte y obtener en breve. Cuando llega el momento en que ya no recuerdas el primer volumen que pusiste en mente, te agobias y comienzas a pensar que tienes 27 años, que con suerte vivirás 50 ó 55 más, y que no hay forma humana de leerse todos los libros que te gustaría. Qué ansia, ¿no? Pues a mí me pasa.

El problema sigue, además. Estuve echando un vistazo a mi biblioteca, y me he dado cuenta de que debería dejar de comprar libros por una temporada larga (digamos 2-3 años), y leerme los que llevo atrasados. Pero la cosa se complica cuando llegas a la librería, ves ese libro que llevas tiempo esperando, y sabes que tienes que comprarlo porque, si te esperas 2 ó 3 años, va a estar fuera de catálogo seguro, o va a ser una odisea encontrarlo, salvo que sea un clásico.

Creo que todos los que leemos tenemos una 'lista de espera' más o menos larga. ¿Soy el único que no la respeto? Es decir, ahora me estoy terminando un libro, y tenía ya pensado cuál iba a ser el siguiente. Pero de Madrid me he traído el nuevo de Susanna Clarke (a la que tengo que dedicar una entrada pronto) que está, sin duda, a puntito de ser devorado. En cuanto termine el que tengo entre manos. El otro puede esperar. A la mierda con mis listas de espera. Pero así no acabamos nunca :P

En fin, después de este montón de agonías existenciales, no quiero terminar sin celebrar, a mi manera, ese momento histórico en el que ese rey tan nuestro, tan colorado como el vino de toro, mandó callar a ese otro personajillo de la farándula internacional. Aquí se ve que entre bobos anda el juego. Vamos listos. El caso es que, adelantándome un mes y medio a tan señaladas fiestas que se aproximan, quiero dejaros uno de los mensajes de Navidad más molones del Juancar. Para que veáis que por la boca muere el pez. Sed malos.

J.


jueves, 8 de noviembre de 2007

Locuras literarias

A veces, como a todo el mundo, me ocurren cosas que no son muy premeditadas ni, por supuesto, de especial agrado. El caso es que el nuevo reto que estoy llevando acabo desde anoche es leerme No country for old men, de Cormac McCarthy. Hasta aquí no parece cosa del otro mundo. Leerse un libro, buah! Bueno, para algunos sí que será todo un reto, por el simple hecho de tener que leer, claro :P

Pero los problemas llegan cuando:

1.- Te dicen ayer, miércoles, que te tienes que leer el libro para el viernes a las 11 de la mañana.
2.- Te lo tienes que leer en inglés.
3.- El libro no está en ningún sitio.

Así que, como siempre, tiramos de esa maravilla de la ciencia llamada internet y p2p, y consigo descargar el libro a última hora de la tarde de ayer. Me pongo con él a las 12 de la noche y, oh sorpresa, nuevo contratiempo... está escrito en inglés texano, que viene a ser como leer un libro escrito en andalú. Pero bueno, es un contratiempo menor. A estas horas (15.20 de la tarde del jueves) tengo algo más de medio libro liquidado. No sé si me dará tiempo, pero por lo menos creo que lo dejaré casi casi listo para sentencia.

Las secuelas previsibles: atontamiento y lucecitas que no existen en todo mi campo de visión (porque, además, estoy leyéndolo en el ordenador, claro), y paranoia de pensamientos acerca del libro que, dicho sea de paso, está de putísima madre.

Si os suena de algo, tal vez sea porque la nueva peli de los Coen está basada en dicha novela, tiene el mismo título y sale Bardem con un peinado nunca mais. El trailer, aquí.

En fin, todavía estoy lejos de esa profesora genial que un día nos confesó que se había pasado un día entero (!!!!!) leyendo sin parar. Sí, 24 horas. Voy a seguir con lo mío :) Ya os contaré si consigo acabarlo o no a tiempo. Me encantan estas locuras.

J.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Lecciones literarias, capítulo 6: la verosimilitud y la ficción literaria

Hace un par de años, Dan Brown, ese que escribe bestsellers como rosquillas, saltó a las páginas de todos los periódicos españoles porque, en una nueva novela que iba a aparecer en nuestro país, se describía España como un país tercermundista, con unos hospitales que parecían salidos de Silent Hill, con una Giralda poseedora de unas escaleras asesinas (cuando en realidad lo que tiene son rampas)...

Obviamente se montó la traca porque el reflejo que se hacía del país en la novela, que sería leída por infinidad de gente a lo largo de todo el mundo, sería terrible. El daño, desde luego, ya estaba hecho, ya que la novela se publicaba en España bastantes años después de su publicación original en inglés.

Todo esto está relacionado con un problema que hay profundamente arraigado en el colectivo lector. Se trata de conceptos como verosimilitud, suspensión de la incredulidad y, ante todo, el concepto de ficción.

Partamos de la base de que, si todo el mundo que abriese una novela (y hago hincapié en la palabra 'novela'), fuese capaz de pensar que está ante una obra de FICCIÓN, otro gallo cantaría. Y es que parece que hay cada vez más gente que piensa que por estar en formato libro y en la sección de novedades de la librería de El Corte Inglés, ya es verdad. Aunque parezca mentira, la tendencia general es esa, la gente piensa cada vez más que lo que le cuentan en las novelas es cierto. Tengo la idea intuitiva de a qué puede deberse ese proceso involutivo del lector, y creo que es culpa del bombardeo que estamos sufriendo últimamente con novelas históricas llenas de enigmas y de soluciones, o narraciones históricas a secas. La gente ve un texto que habla de la sábana santa, de los reyes católicos, de los templarios o de Da Vinci, y ya da por cierto que hay, al menos un amplio fono de verdad en todo ello. QUE NO, JOER. Que una novela es mentira. Que es como los cuentos de los Grimm. Que un escritor, por definición, es un embustero, y eso es lo que hace magistral a la buena literatura: si el lector es consciente de que le están mintiendo, es capaz de dejar de lado sus prejuicios e ideas y creerse lo que le cuentan mientras tiene el libro abierto. Y ya. Cuando cierra el libro, la ilusión debe desvanecerse.

Existe un contrato no escrito en el mundo de la literatura, llamado suspensión de la incredulidad, por el cual el escritor se compromente a contar mentiras y el lector a dejar de lado su mundo real al abrir la novela, y sumergirse en el mundo de esa novela. Los problemas llegan cuando el lector sigue creyendo en lo que lee al acabar la novela. Es como leer a Tolkien y pensar que verdaderamente la Tierra Media existe. Pero ¿tú estás tonto o qué? O leer que la sábana santa está vigilada por templarios no-muertos en un albergue juvenil de Toledo, y montarse una excursión para verla.

¿Dónde está el fallo? Sinceramente, no lo sé. La gente no deja de ir a Asturias porque cree que hay niños fantasmas después de ver El orfanato. Es decir, con el cine no pasa. Supongo que sigue imponiendo mucho respeto y sensación de 'verdadero' un texto escrito y publicado. Triste, pero me temo que es así.

Junto con todo esto, pero no revuelto, está el criterio de verosimilitud. Se lo debemos ni más ni menos que a Aristóteles (sí, ese que no sabemos qué escribió sobre la comedia, digan lo que digan en El nombre de la rosa. Que no, que aunque Eco lo escribiese, La comedia de Aristóteles sigue perdida), y sigue teniendo plena vigencia. Para explicarlo muy sencilla y gráficamente, el criterio de verosimilitud viene a decir que los burros no vuelan, pero si vuelan, las orejas deben ir hacia atrás al volar. O lo que es lo mismo, el Balrog de Moria no existe, pero si existe y está en llamas, si lo tocas te quemas.

La verosimilitud dota a toda la novela de consistencia, de credibilidad. No he leído la obra de Brown de la que hablo al principio (ni estoy seguro de si era La fortaleza digital, que vaya título, dicho sea de paso...), pero según lo que se comenta que incluye, a esa novela le falta verosimilitud por todas partes. Pero la gente no lo ve. ¿Cuántas escaleras conocéis que sean famosas por 'haber muerto muchos turistas en ellas'?

Recordad. Todo lo que encontráis en una novela es mentira. Todo. Es posible que hasta el nombre del autor. Y por supuesto, la contraportada, la introducción en la que se cuenta cómo ha viajado por todos los sitios que se describen, el epílogo misterioso... todo. Pero no, seguiremos sin enterarnos.

J.

martes, 6 de noviembre de 2007

Llamando a la Tierra


Que los documentales pueden tener un hilo argumental es algo que quedó demostrado en películas como El viaje del emperador. Que, además, pueden ser fantásticos productos cinéfilos, ha sido ratificado por innumerables cintas desde que se estrenara Microcosmos.

Tierra, la película que nos ocupa, es todo eso y más. Siguiendo, principalmente, la vida de una familia de osos polares, una ballena jorobada y su hija y una manada de elefantes africanos a lo largo de todo un año, el documental nos presenta rincones salvajes y remotos (según el punto de vista de España, claro…) de todo el planeta, de polo a polo. La calidad de las imágenes es indiscutible; la fotografía, una gozada. Tomas aéreas del Himalaya o de espectaculares cataratas, rodajes submarinos de las ballenas nadando, cámaras nocturnas mostrándonos qué ocurre al lado de una charca en medio del desierto, compartida por leones y elefantes.

Pero Tierra llega en determinados momentos donde no había llegado antes ningún otro documental. Hay una secuencia en la que un guepardo caza a un antílope, rodada con una pulcrísima cámara lenta, que hace que en la escena los ‘intérpretes’ realmente parezcan ir a esa velocidad. El momento en el que el felino atrapa al antílope, la rendición de la presa, el bocado en el cuello… me dejó una sensación muy especial, pues todo parecía casi preparado con los animales. La sensación, muy al contrario de ser la típica que tenemos con este tipo de imágenes en los documentales (qué cruel es la naturaleza, la ley del más fuerte, etc etc), se acerca más a la que pudiéramos experimentar visualizando algún mordisco que Gary -Drácula- Oldman propina en la película de Coppola.

Por otro lado, el documental contiene los hoy en día inevitables ataques a la conciencia del espectador, llamadas de atención sobre el calentamiento global y demás. Aunque eso es otra historia. Yo me quedo con la de los animales, con la de esos monos que se meten en el agua con las manos en alto, como diciendo ‘¡Qué fría está el agua, leche!’.

J.

lunes, 5 de noviembre de 2007

De culo y sin frenos


Este año van ya dos meses largos de retraso en la convocatoria de las becas FPU, esto es, la beca doctoral que voy a solicitar para poder hacer la tesis. Si no me la dan, bueno, pues habrá que buscarse otra forma para investigar. Pero el problema es que, al ritmo que vamos, si tenemos en cuenta que otros años, cuando la convocatoria ha salido el 1 de septiembre, se ha resuelto para mayo-junio, estoy viendo que no me enteraré de si soy becario FPU o no hasta septiembre de 2008, con el agravante, además, de que desde que te incorporas a trabajar hasta que empiezan a pagarte tardan un par de meses. Es decir, que a principios de noviembre como estamos, y suponiendo que me concediesen la beca (y, ante todo, que la convocatoria salga YA), empezaría a cobrar dentro de 13 meses más o menos. Qué tristeza, por favor.

Para acabar de arreglar la faena, el gobierno ha decidido que, ya que los precarios habían conseguido la parcial consecución de una de las reivindicaciones históricas del colectivo (ser considerados trabajadores cotizando en la seguridad social, cosa que ahora ocurre tan sólo en los dos últimos años de la beca, pero algo es algo), van a recortar más todavía esa cotización, que por supuesto no era, ni de lejos, por los 1200€ que te pagan, si no por unos 800 o así, si no estoy mal informado. Según ellos, 'fomentará la investigación porque se podrán ofertar más becas'. Ajam. Lo siguiente ¿qué?, ¿bajar el sueldo (perdón, la cuantía de la beca. El sueldo es para trabajadores) de las FPU a la mitad para poder ofertar el doble de becas? Se les tendría que caer la cara de vergüenza. Y luego la gente dice que la investigación en España es una mierda porque los investigadores se van al extranjero...


J.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Americanadas

En estos últimos días he escuchado infinidad de veces cómo mucha gente se jactaba de no celebrar Halloween por ser una americanada. Supongo que, como suele ser común en estos casos, la gente piensa que queda de lo más antiamérica/antiglobalización/anti-imperialismo del mundo.

El caso es que, como curiosidad inicial, os comento que el origen de Halloween no es americano, sino celta. Cierto es que la expansión de la festividad a nivel mundial se debe, sin lugar a dudas, a la publicidad e influencia que recibimos de los Estados Unidos.

Yo este año no me he disfrazado (de hecho, creo que no lo he hecho ningún año, ni siquiera el pasado, cuando estuve allí), pero salí a la calle y me divertía ver a la gente vestida de bichos rarunos por ahí, liando la traca. Es más, yo diría que ya casi se ve, al menos en Córdoba, más gente disfrazada en Halloween que en los carnavales (no porque haya mucho disfraz en Halloween, ojo, sino porque los carnavales por aquí llevan varios años de capa caída).

Es cierto que lo que aquí tenemos es una versión sucedánea de lo que es un verdadero Halloween, porque lo primero que no hay es niños pidiendo caramelos de puerta en puerta, que viene a ser uno de los ejes centrales de la festividad. Según me comentaron algunos padres yankis, Halloween ayuda a los niños a enfrentarse, de manera más o menos divertida e inofensiva, a un tema tan complejo como es el de la muerte.

Tampoco tenemos calabazas para vaciar y montar linternas demoníacas, que os prometo que es una de las cosas más divertidas y a la vez asquerosas del mundo. Te pones de calabaza hasta los codos.

Supongo que todos aquellos que reniegan de la americanada se habrán resignado y habrán pasado el día 1 comiendo gachas y llevando flores a los cementerios; siendo la segunda actividad, como todos sabemos, harto más estimulante y divertida (y harto menos hipócrita) que disfrazarse de zombi y salir a la calle a asustar pijas. También supongo que esos mismos puristas anti-imperio no tendrán ningún pantalón vaquero en su armario, no habrán visto (o al menos disfrutado) películas como Ciudadano Kane, Casablanca, Forrest Gump (que por cierto, es lo más 'América' que se ha hecho en los últimos años), no escucharán a los Red Hot Chili Peppers, a Elvis o a Sinatra, no usarán bombillas, no verán ningún reality show tipo Gran Hermano u Operación Truño, no verán ningún programa latenight tipo Crónicas Murcianas, no escucharán rap o hip-hop... ya que, como todos sabemos, esto no son sino otro tipo de americanadas. ¿O tenemos memoria selectiva, tal vez?

La cosa es que, aun sin haberme disfrazado por, como siempre, una total falta de previsión y un ataque de pereza, Halloween me gusta. ¿Que es una americanada? Pues sí, tal vez. Pero lo prefiero a la versión 'españolada' de las flores en los cementerios. De lejos.

J.