sábado, 22 de noviembre de 2008

Universidad a la boloñesa

El otro día, en Barcelona, los Mossos repartieron ostias como panes entre los estudiantes que se manifestaban contra el tratado de Bolonia para la implantación del Espacio Europeo de Educación.

Partamos de la base de que nunca, jamás de los jamases, defenderé este tipo de represión y abuso de fuerza. Pero vayamos al tema que realmente me importa: ¿qué pasa con Bolonia?

Da la casualidad que, hace cuatro años, cuando la gente no tenía ni repajolera idea de lo que se andaba cociendo en la universidad española europeizable, pude disfrutar de una beca en un programa piloto de implantación de crédito europeo en mi carrera.

Cierto es que, trabajar lo que se dice trabajar, trabajé bien poco. Pero empaparme de todo el jaleo que hay me empapé como los campeones. Y mi conclusión, hoy por hoy, es la siguiente: los estudiantes son más borregos cada día. No es algo que me espante, porque se ha ido viendo venir progresivamente durante la última década, pero es que tengo la certeza de que el 90% de los anti-Bolonia ni siquiera se han leído el tratado, han sido manipulados con información sesgada o, como segunda opción, se han informado de lo que hay y son idiotas. No sé qué es peor.

Navegando, y buscando información por ahí sobre qué piensa el estudiante de a pie, me he topado con este fichero que, según voy viendo, plantea las principales quejas y protestas que hay frente al E.E.E.

El texto se compone de ocho páginas, al parecer escritas por un estudiante de filología sevillano, y está divido en dos partes, una enumeración de argumentos anti-Bolonia y una refutación de argumentos pro-Bolonia. No me voy a centrar en re-refutar los segundos ahora -tal vez en una entrada posterior-, pero me voy a centrar en comentar algunas cosas sobre esos argumentos anti-Bolonia tan vociferados por todas partes. Os sugiero que tengáis el texto abierto simultáneamente para seguir mis razonamientos:

- Subida de las tasas de matriculación. Cierto, parece ser que las tasas van a subir sensiblemente. En qué se gasten el dinero las universidades ya es harina de otro costal, pero lo que es más que evidente es que, según la utópica filosofía del E.E.E., centrada en un aprendizaje orientado -que no impuesto- y autónomo, van a hacer falta MUCHAS cosas en la universidad española, empezando por libros y ordenadores. Si hay que subir las tasas para que en mi facultad pueda encontrar más de una copia de un libro -que encima suele estar en posesión del profesor de turno-, un acceso a un ordenador con conexión a internet, un aula virtual funcional y efectiva... me merece la pena. Otra cosa, desde luego, es que ese dinero se pierda en el abismo interestelar. Pero concedamos, al menos, el beneficio de la duda a la universidad típica española.

- Becas-préstamo. Resulta que yo he tenido la oportunidad de disfrutar una de esas becas préstamo, el préstamo renta universidad, durante un año, para poder cursar mis estudios de tercer ciclo. De momento, vistas las INMENSAS condiciones -mucho más allá del pago sin intereses-, no me arrepiento de haberla solicitado.

- Eurocrédito. Claro que pagaremos por las horas de biblioteca y las de tutorías, so zoquete. Exactamente igual que ahora. Un crédito europeo equivale, en teoría, a 25 horas de trabajo. La diferencia radica en que, hoy por hoy, pocas o ninguna universidad imparte presencialmente el 100% de los créditos que se cursan (haced cuentas), y esos créditos se pierden libremente en el aire. Con el eurocrédito, en teoría, estás pagando no sólo la biblioteca (que también pagas con el crédito tradicional), sino los libros que hay en ella, el aula virtual y las tutorías que, para información de todos aquellos universitarios que no las han usado en su vida, según el E.E.E. serán una parte activa y formal de la educación. Reuniones presenciales u online en pequeños grupos o individuales con el profesor, que monitorizará los progresos y aprendizaje.

Una vez más, es otra historia el cuestionar si hay o no en España profesorado y medios para propiciar esas tutorías. Que no lo hay, evidentemente.

- Universidades de primera y de segunda. Ah, como ahora entonces, ¿no? Sé de ofertas de empleo para licenciados en derecho en las que se especificaba expresamente 'absténganse licenciados por la universidad X'. ¿O acaso no quieren todos los traductores estudiar en Málaga o Granada en vez de en Córdoba?

Y lo de menos dinero para las Humanidades... pues hay que atenerse a los hechos. Soy filólogo, me pesa más que a nadie, pero soy consciente de que las filologías, humanidades, historias y demás tienen un número de alumnos mucho menor que las titulaciones técnicas o biosanitarias. En algunos casos, ridículamente inferior. Qué le vamos a hacer. Supongamos que hay que dar ayudas a todas las familias con hijos. No es justo que reciba la misma ayuda la pareja con un hijo que la familia de 10, ¿no? Es bastante alarmante que haya titulaciones en pie con 3 ó 4 matriculados en el curso.

- Asistencia obligatoria. Si no quieres ir a clase, matricúlate en la UNED. Simple y sencillo.

- CAP de 2 años. Afirmación bastante falsa, por cierto. El CAP va a ser reconvertido en un máster, quedando, por tanto, en UN año. Además, no estará privatizado ni costará 5000 euros. Los másteres oficiales se llaman oficiales por algo, y su precio es de unos 1800 euros, según comunidad autónoma. Si quieres gastarte 5000 euros en un máster en una privada, es cosa tuya.

- Para información de todos, especialmente del filólogo que se ha cubierto de gloria con esta afirmación, por competencia se entiende "la capacidad del estudiante para poner en práctica de manera integrada habilidades, conocimientos y actitudes para enfrentarse y poder resolver problemas y situaciones." (Fuente aquí. Leed toda la web que merece la pena).

- ¿Qué clase de tontería es esa de que las patentes de investigación hoy por hoy son públicas? ¿Quién ha dicho esa chorrada? Es más, a ver si es verdad y las empresas se ponen las pilas financiando investigaciones, porque si tenemos que fiarnos de la I+D+i gubernamental, vamos de culo.

- ¿Empresarios? de la ANECA. Aquí hay una lista de los miembros de uno de los órganos de la ANECA, el consejo asesor. Yo no veo más que catedráticos y científicos. Que levante una mano el que vea un empresario. Y si nos vamos a la junta directiva:

* Directora: Gemma Raunet. Catedrática de Química Analítica.
* Catedrático de Innovación: Eduardo García. Catedrático de Metodología.
* Coordinador de evaluación de profesorado: Catedrático de Telecomunicaciones.
* Coordinadora de enseñanzas e instituciones: Carmen Cámara. Catedrática de Química.
* Coordinadora general: Leonor Carracedo. Humanista.

¿Alguien dijo empresarios?

- Falta de autonomía universitaria. Otra vez con los 'empresarios' de la ANECA. A ver si, verdaderamente, le dan algo de calidad a la enseñanza con los informes. Si partimos de la base de que la ANECA es una fundación SIN EMPRESARIOS, teóricamente ajena a la universidad española, al menos puede ser imparcial al juzgar méritos.

- Reestructuración en grado, máster y doctorado. No, perdona. Restructuración en grado y máster. Los doctorados desaparecen. Y el grado no es 'una FP'. Es una carrera de 4 años. Y, como hoy, si al acabar los estudios universitarios quieres saber más, también tienes que pagarte el máster o doctorado de turno. ¿O acaso hoy por hoy es gratuito y yo no me he enterado?

- Devaluación de los conocimientos. Partamos de la base de que es complicado devaluar aún más los conocimientos medios que se adquieren en una universidad pública española, que suelen estar desfasados, mal adquiridos, etc. Peor no va a ir.

Eso de que las prácticas sean no remuneradas parece como un castigo bíblico o algo así. Es una de las protestas más escuchadas. ¿A cuántos de vosotros os han pagado por las prácticas de empresa, especialmente si sois de carreras humanísticas? Ah, que ni siquiera habéis hecho prácticas, vale. Yo estuve dos meses, y me llevé unos bonitos pendientes de plata para mi novia a cambio -valor real de los pendientes: 10 euros-. Tampoco va a cambiar tanto la cosa.

Esos 30 créditos de proyecto de final de carrera (que me extraña MUCHO que sea tanta cantidad), por descontado, no cuentan como formación específica, ¿verdad? No se trata de investigar sobre algo que te interesa, de manera más o menos autónoma, buscando tus herramientas, madurando en el proceso, aprendiendo más de lo que probablemente hayas aprendido en varios años de carrera de las de hoy.

Concluyendo (que si has llegado aquí eres un valiente), nadie me quita de la cabeza que los estudiantes universitarios -ojo, que yo sigo siendo uno- están idiotizados, atontados y/o manipulados. El cerebro estará reblandecido de tanto estudiar, me imagino.

El caso es que, con todo esto, lo que quiero venir a decir es que el E.E.E. no es la panacea que hará que todo el mundo sea un crack, porque idiotas siempre hay -algunos llegan a gobernar EE.UU.-, pero está claro que peor de como estamos va a ser difícil. A lo sumo, nos quedaremos exactamente igual. La base educativa del E.E.E. es formidable, pero tiene el mismo problema que todas las grandes reformas educativas que se plantean: no hay medios para llevarla a cabo. Pero que no te cuenten milongas, que Bolonia no es el coco.

J.

jueves, 20 de noviembre de 2008

España: Sueños en la casa de la bruja reloaded

- Un chico de 18 años muere en la puerta de una discoteca, de una brutal paliza propinada por un gorila de seguridad, un viernes por la noche. Esa discoteca, sin licencia, con varias decenas de denuncias -muchas de ellas sobre los propios miembros de seguridad por agresiones-, con informes de la policía pidiendo su clausura, está funcionando en terrenos del Ayuntamiento de Madrid. Tiene que morir un chiquillo para que alguien decida, finalmente, cerrarla. Eso sí, después de saltar la noticia a los medios, pues la clausura se produce tres o cuatro días después de la muerte de Álvaro Ussía. Nadie ha dimitido. ¿Puede alguien contarme quién en ese ayuntamiento tiene voz, parte y capital en esa discoteca?

- La reina, tan recatada, la ha liado parda. Los gays no pueden llamar matrimonio a su unión, entre otras lindezas. La población se divide entre los que piensan que la señora tiene todo el derecho a expresarse, y los que pensamos que, encima de cabrones, apaleados. Para una cosa que tienen que hacer, esto es, tomar conciencia de que no pueden expresar su opinión personal en público, que para eso son reyes... Alguien en el palacete, desde luego, ha metido la picha en el arroz bien metida autorizando el librito. Pero nada, sigamos dejándoles campar a sus anchas, que como reyes tienen derecho a opinar, a casarse con quienes les de la gana, a ser personas normales. Total, si ellos son tan humanos como nosotros, y su vida no es tan diferente.

- Estamos entrando en una crisis que pinta entretenida. Eso creo que lo sabemos todos. Las empresas de coches largan a la calle a gente y más gente y cosas por el estilo. Pero los tres últimos asuntos de estado han sido:

1.- Salir al recreo con los niños grandes, entrar en esa dichosa reunión del G20. Prueba superada. Ahora podemos salir en la foto, decir que cumplimos lo que decimos, y dejar satisfecho al pueblo, porque por estar paseándonos por medio mundo, mendigando un sillón, hemos conseguido entrar en una reunión que nos va a salvar de la crisis. Por supuesto.

2.- La cúpula de los horrores. Qué fea es, sí señor. Muy fea. Horrible. O es que, una vez más, soy un cateto artístico. Y sí, se han gastado una millonada, pero sospecho que nada en comparación a las millonadas que se pierden sin que nos enteremos. Y que alguien aclare si, verdaderamente, es dinero de los pobres o no, que nos tienen en ascuas.

3.- La monja Maravillas. ¿Le ponemos la chapita o no? Manda cojones. La gente quemando contenedores en la calle -o haciendo barbacoas...- para protestar por su despido, y el congreso discutiendo tan vital tema. ¿Soy el único que piensa que a Bono le quedan en las filas del PSOE dos telediarios? ¿O lo mandarán a Europa? Hagan sus apuestas.

- 2000 personas se tiran una semana en la calle, acampados, haciendo cola, para conseguir una vivienda a un precio normal. Porque, familia, hay por ahí dos constructores, dos Poceros. Uno bastante turbio y especulador. El otro, se dedica a construir viviendas libres para jóvenes a precios más baratos que las de protección oficial. A ese hombre sí que tenían que ponerle una chapita en algún sitio.

- Media población del país está pendiente de una entrevista a uno de tantos ladrones con corbata y chaqueta. Que alguien pare el país, que me bajo.

He vuelto. Para quedarme.

J.

Erik el Rojo

No hay mucho que contar sobre Erik el Rojo. No hay duda de que, como indican las solapas, Manuel Velasco es un especialista en el mundo vikingo, pero de ahí a ser un gran escritor, hay un camino.

Existen diversos problemas con el libro, problemas básicos, estructurales. En primer lugar, más que una novela histórica-fantástica o como se quiera llamar, estamos ante una sucesión de recuerdos, más o menos conectados, de un Erik anciano sobre su etapa de llegada a la edad adulta. No hay un eje conductor poderoso, y toda la acción viene a quedar un tanto 'flotante', en el aire.

Existe un cierto mundo mágico, animista, telúrico, que aparece en determinados puntos del texto, pero no acaba de surgir con fuerza, por lo que no podemos considerar la novela como un producto de género fantástico, aunque bien es cierto que tampoco es una novela histórica pura.

Por otra parte, Velasco parece utilizar la forma de novela para presentar sus conocimientos del mundo vikingo. Me parece loable y muy respetable, pero a veces la trama parece más una excusa para camuflar lecciones sobre el mundo nórdico, que acaban por ser repetitivas o, al menos, previsibles.

No menos problemático es el aspecto formal de edición. Buen papel, buena calidad de imprenta, pero una innumerable cantidad de erratas y, a veces, dañinas faltas de ortografía, plagan todo el texto. Además, el glosario está incompleto.

En el lado positivo de la balanza, el libro está bien escrito -si obviamos las erratas/faltas ortográficas-. La narración es llevadera y las 180 páginas se leen con soltura, aunque tengo la impresión de que un volumen mayor de páginas hubiese terminado siendo excesivamente pesado con tanta 'lección magistral de vikingos'. Y, no se puede negar, se aprenden cositas sobre la forma de vida de las huestes nórdicas.

J.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Permanezcan atentos a sus pantallas

Después de hacer diversas invocaciones, llamadas telefónicas a otras dimensiones, recibir visitas de semillas estelares y un par de ghoules, pagar con sangre, sudor y vísceras, y ver cara a cara la locura, en breve tendré acceso a internet en mi cubil, por lo que los Sueños en la casa de la bruja volverán a la carga con energía renovada.

Espero que, con suerte, antes de fin de esta semana pueda estar de vuelta con vosotros. Mientras, sed malos, que Wendigo os vigila desde los cielos.

J.

viernes, 31 de octubre de 2008

Man In The Dark

Los atentados del 11-S, tal y como tuve ocasión de comprobar con mis propios ojos durante el pasado curso, han ejercido una importantísima influencia en toda la literatura norteamericana que se ha escrito desde entonces. De Safran Foer a Rushdie, pasando por, evidentemente, Don DeLillo, toda esta corriente post-ataques también llegó en su momento a Paul Auster. Ya en Brooklyn Follies se dejaban entrever ciertos aspectos que no casaban con la trayectoria del autor, como un sorprendente giro al intimismo y al contacto físico. Después llegó Travels in the Scriptorium, donde una ficticia guerra reflejaba con cierto tino los avatares que venía sufriendo EE.UU. Y ahora Auster, con su último libro, Man in the Dark, ha llegado al cénit de esta etapa.

Un crítico literario retirado, en su vejez, intenta dormir, una noche más, acostado en su dormitorio. En la planta alta duermen su hija y su nieta. Pero él es incapaz de conciliar el sueño, y se dedica a crear historias. Inventa personajes, tramas y situaciones, para evadirse de la terrible realidad –que salpicará al lector en los últimos compases de la novela– que asola las vidas de aquellas tres personas que comparten techo y sangre.

Las 180 páginas de la versión americana del libro comienzan con fuerza, siguen creciendo, pero la última parte del libro se diluye, se vacía del terremoto austeriano que encontramos al principio. Hay más que evidentes referencias a "Continuidad de los parques", brevísima obra maestra de Julio Cortázar, al que tantísimo debe el propio Auster. También hay fragmentos de erudición cinematográfica, en los que el escritor parece intentar demostrar que el fracaso crítico de La vida interior de Martin Frost no se debe a su falta de conocimientos del campo que aborda. Además, hay teorías de objetos inanimados, distopías y, más que nunca, ideas políticas y guerra. El 11-S y sus inmediatas consecuencias sobrevuela Man in the Dark, y Auster da rienda suelta a todo aquello que ha ido dejando entrever en sus últimas novelas. Se posiciona claramente contra el régimen Bush, y la novela se cierra de una manera que la convierte en un alegato por la paz y una queja de la barbarie humana.

Aproximadamente el primer 60% del libro es un producto Auster puro. Se ofrece al lector todo aquello a lo que Auster nos tiene acostumbrado. Sin embargo, desde el momento en que la nieta baja al dormitorio, hay un evidente cambio de registro, y Auster se vuelve más íntimo, más físico y más melancólico, y la novela se resiente.

El final abrupto de la ‘historia-dentro-de-historia’ rechina, tiene un deje de deus ex machina terrible, y se precipita innecesariamente para dar paso a recuerdos y divagaciones de un viejo sentimental a lo largo de demasiadas páginas. No estoy diciendo que el libro se convierta en un pastelón al final –sobre todo con el último golpe de efecto–, pero sí es cierto que se pierde mucho ritmo y que, en la modesta opinión de un servidor, Auster no se siente cómodo recordando primeros besos y primeras citas. Y, personalmente, yo prefiero perderme en cientos de abismos en cada página que en recordar durante un sinfín de párrafos la vida interior del Man in the Dark.

En definitiva, curioso libro para comprender la trayectoria que está siguiendo el escritor. Muy buen comienzo y desarrollo, hasta que todo empieza a temblar un poco. La sensación no deja de ser la misma que esa prolongación innecesaria que tiene la película Inteligencia Artificial que, cortada en un punto concreto, hubiese sido bastante redonda, pero con ese pastiche alienígena final, queda completamente destrozada.

J.

viernes, 24 de octubre de 2008

Quemar después de leer

La última de los Coen, Quemar después de leer, es una de esas películas que, sin tener que ser una cinta trascendental, ni de tres horas de duración, ni sobre temas serios y deprimentes, te deja el sabor de boca de haber gastado algo menos de noventa minutitos en un buen trabajo.

Últimamente todas las comedias parecen, a simple vista, más o menos iguales, así que es un género que evito mucho en las salas. Pero los Coen son palabras mayores, y el reparto era un reclamo bestial –Clooney, que me encanta; Pitt, que me encanta en algunos papeles y en otros le metería fuego; Malkovich, que estaba perdido en combate y ha vuelto con fuerza (pronto llega la nueva de Eastwood y él se ha apuntado); Frances McDormand, que repite con los directores tras su poli embarazada y ausente de Fargo–.

¿Qué han hecho los Coen? Una comedia en la que todos, del primero al último, están pasados de rosca. Histriónicos, alcohólicos, paranóicos, psicóticos, simplemente idiotas, vulgares, espías aficionados, chantajistas de pacotilla, jefes que no se enteran de nada, cornudos e infieles. Eso es lo que puebla Quemar después de leer, que no deja de ser una especie de comedia de enredo, donde el eje central gira en torno a más o menos importantes y secretos documentos.

El poner en manos de alguien de la calle un tema que se le escapa por todas partes, y dejarlo actuar, es un recurso que se ha usado últimamente en algunas películas de corte bastante más dramático –No es país para viejos–, pero aquí los Coen apuestan por descolocar a su pandilla de idiotas, más en la línea de Lock and Stock.

Bien es cierto que es una comedia, pero cuando aparece la violencia (que la hay, no mucha pero la hay) se nota quién está detrás de la cámara. La muerte violenta de uno de los personajes irrumpe con fuerza en una cinta que, hasta entonces, parecía estar sólo destinada a ser una comedia resuelta con soltura. Es entonces cuando el que está sentado termina de despertar, y se da cuenta de que no es una comedia al uso, que los Coen están ahí y quieren que te acuerdes.

Nadie entiende nada dentro de la trama, desde el que pasaba por allí hasta el que está en todo lo alto, y todos se acuestan con todos, como dice uno de los personajes. Pero todos, en su mezquindad –de qué trata, si no, la cinta– buscan sacar tajada del que está al otro lado de la línea o de la cama, sin alcanzar a ver las consecuencias de lo que se traen entre manos.

Las interpretaciones, como digo, están todas pasadas de rosca, supongo que muy intencionadamente, para dar esa sensación general de ‘descontrol bajo control’, y en general bastante bien (partiendo de la base de que todos están desfasados). No sabría con cual de los personajes quedarme, pues todos atraen, del Pitt más idiota al Malkovich más acabado, pasando del Clooney más paranoico.

En general, para pasar un buen rato, desconectar de departamentos comerciales, pinturas marrones y armarios variados. Divertida, bien realizada y bien actuada.

Lo próximo, si sigo leyéndolo a buen ritmo –esto es, el que me deja el trabajo–, los comentarios sobre Man in the dark, pedazo de último libro de Auster.

J.

domingo, 19 de octubre de 2008

Me ha comido un retoño oscuro

Y por eso no estoy por aquí. Sigo sin tener internet, así que estoy escribiendo las entradas en el disco duro, y cuando encuentre algún sitio con wifi o similar, colgaré lo que lleve escrito de golpe -hoy me he olvidado el pendrive en casa-. Así que no os espantéis si, de repente, os encontráis 5 ó 6 entradas de golpe subidas. Es la única forma que tengo de llevar esto pa'lante. Sed buenoooos.

J.