martes, 16 de octubre de 2007

Jamaica

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ACTUALIZACIÓN:
Este viaje a Jamaica de hoy nos ha llevado a otro sitio también, a alcanzar las 1000 visitas :) Qué bonito. Los Sueños en la casa de la bruja siguen viento en popa. Gracias a tod@s.

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Hoy me he levantado con una canción que escuché por primera vez en Jamaica dándome vueltas en la cabeza, y claro, se me ha venido a la mente el viaje entero. Así que os voy a dejar reproducido el texto que escribí en su día (el 21 de marzo) en el antiguo cuaderno de viajes que tenía colgado por ahí. No sé cuantos de vosotros lo habréis leído ya, pero para todos aquellos que ya lo hayáis hecho, os invito de nuevo a pasearos por Negril y Montego Bay. Y para los que no, espero que disfruteis del viaje ;)

CONTRASTES

Anoche aterricé de nuevo en la realidad del College (esto es, frío y aburrimiento). Pero bueno, una vez más, como viene siendo increíblemente habitual cada vez que salgo de viaje, he vuelto con muchas imágenes grabadas en la retina, y creo que con espectro de colores más amplio en mi forma de ver el mundo. Vamos, pues, con un repaso a qué pasó en Jamaica.

Si hay una palabra que definiría estos 10 días en la isla al sur de Cuba, esa palabra es la que da título a la entrada: contrastes. Y la mayoría de ellos me han hecho pensar mucho. El primer contraste es la relación entre el nivel de vida y los habitantes de la isla. Jamaica es, si no tercermundista, sí un país en vías de desarrollo (en los primeros compases, podríamos decir). La pobreza es extrema, las chabolas se suceden una detrás de otra, y si miras por la ventanilla del taxi en el que viajas, el paisaje semi-selvático está salpicado de auténticos cuchitriles, aquí y allí, minúsculos, frágiles, apenas fantasmas de viviendas. Y el contraste aparece cuando te mezclas con los jamaicanos, cuando hablas con ellos, que apenas tienen nada. Y te miran con una amplia sonrisa en el 90% de los casos, y son felices, casi seguro, más que tú y que yo. Viven con lo mínimo, pero, en este país reina la felicidad. Si alguna vez viajas a Jamaica, creo que te perderías más de la mitad de lo bueno de la isla si no te mezclas con su gente, si no los escuchas, si no hablas con ellos, si no te dejas llevar por sus historias, si no les preguntas sobre su vida, su gente, su país. Allí estás tú, occidental, con dinero (bueno, no tanto en nuestro caso), con tu portátil esperándote en casa... y ellos no tienen en muchos casos ni dónde lavarse. Pero sonríen. Y envuelven su pobreza en colores alegres, vivos, pintan sus pequeñas chabolitas de azul, de rojo, de verde, de amarillo. Y es que, para sintetizar perfectamente el espíritu de la isla, cito la frase lapidaria que nos dijo el primer taxista con el que hablamos: "There are no problems in Jamaica. Just situations".

Cuando miras desde una óptica diferente, ves que sí, que hay muchísimos problemas. Es un país corrupto, donde la droga, el sida, la prostitución, la delincuencia... reinan a sus anchas. Ellos lo saben, pero también saben que es lo que les toca vivir, y lo viven con una (normalmente desdentada) sonrisa en el rostro. Y luego nos volvemos a nuestro pequeño College, y nos quejamos del frío que hace, y de lo lenta que está hoy la conexión a internet. Terrible.

Más contrates... los enormes complejos hoteleros de compañías extranjeras (muchas españolas, por cierto), con sus campos de golf, sus piscinas, zonas recreativas, palmeras... y diez segundos después pasas por una 'urbanización' de cabañas autóctonas, con niños corriendo descalzos, chivos mascando hojas en el arcén de la carretera, y una mujer con un pesado fardo sobre su cabeza viendo pasar tu taxi. Al principio me parecía espantoso, pero hablando con la gente aprendí que ellos están contentos con que gente de fuera venga a montar sus hoteles aquí, ya que de por sí, la isla no se preocupa de hacer nada. Así, al menos, empresas extranjeras explotan la isla a cambio de ofrecer trabajo tanto para construir como para personal luego en el hotel. Y un resort de 2000 habitaciones (que los hay) necesita de mucha gente. Y con la miseria que posiblemente les paguen en el hotel, ellos podrán seguir tapando las goteras, arreglando el destartalado coche que utilizan como taxi ilegal (si vives en Jamaica y tienes coche, hay un 80% de posibilidades de que seas taxista ilegal, por lo que he podido comprobar!), comprar su cerveza red stripe, y dar de comer a tres críos. Y seguir sonriendo.

No puedo decir que me haya metido en el corazón de la isla y de su gente, ni mucho menos. Pero he intentado hacer todo lo posible por salirme de los circuitos turísticos típicos. Lo más parecido a experimentar la isla verdadera, no la turística, fue un paseo de unos 40 minutos con un guía nativo por el centro de Montego Bay, algo alejado de restaurantes y hoteles. La sensación fue una mezcla entre miedo, alienación, fascinación, inquietud... dos blancos en el corazón de la ciudad, en un hormiguero de negros corriendo por la acera (o la carretera, que les da igual), coches pitando, gente mirándonos, etc. 'No pertenecéis a esta zona', era lo que decían sus miradas, entre extrañadas y amenazantes. 'Escucha bien. Nunca, NUNCA entréis por ahí. Es la entrada al Ghetto. Allí no preguntan. Disparan'. Eso nos dijo el guía. Tranquilizador, sí. Y parece ser que es cierto. Hay muchos problemas de mafias, bandas, armas circulando libremente (y parece ser que no pistolitas, que aquí van a lo bestia y el que menos lleva una UZI). Ellos también evitan entrar al Ghetto. Allí no se andan con tonterías. Pero bueno, si estás pensando ir a Jamaica y se te han quitado las ganas, tranquilidad. No hay ningún tipo de problema si no sales de la zona turística. De verdad. Nosotros no tuvimos ninguno.

Y ahora, imágenes y momentos que están aquí, en mi cabeza, creo que para siempre.

Primero, casi sin dudarlo, las glimmering waters. Se trata de una pequeña excursión nocturna en barco (40 minutos) por una bahía en la que se encuentran la desembocadura de un río y el agua del mar. El resultado es, en primer lugar, que puedes apreciar perfectamente una línea de agua en medio de la bahía, que divide el agua caliente del mar de la fría del río. Pasas de un agua a otra como del blanco al negro. Pero lo verdaderamente espectacular y emocinante (en el sentido de 'se me caen las lágrimas') es que la superficie del agua de la bahía está poblada por un tipo de placton que tiene un mecanismo de defensa muy particular: cuando es molestado, se ilumina con una luz verdosa fluorescente. De manera que mientras vas montado en el bote, puedes ver la estela que va dejando de luz el motor, y todo el movimiento de pequeñas olas iluminadas que produce la lancha. Y después, una pequeña parada en la oscuridad, hasta que las aguas se han calmado, y tú, si quieres, entras en el agua. Fuimos los únicos que lo hicimos, y creo que los demás se perdieron el 80% de la emoción de todo el paseo. Nadar allí fue inolvidable. Imagina estar en el agua, de noche, y completamente rodeado de luz a tu alrededor. Con cada movimiento de un brazo o una pierna, toda el agua a su alrededor brilla en verde fluorescente. Sacas tu mano del agua, y pequeñas lucecitas siguen brillando en ella unos segundos. Fascinante.

Después, pasar un atardecer en el Rick's Cafe, viendo a la gente saltar desde el acantilado hacia el mar cristalino, y decidir que tú también vas a saltar. Subir al acantilado, ver que el sol se está empezando a esconder perezosamente, mirar hacia abajo y sólo ver azul eléctrico unos 20 metros más abajo, y saltar... Tres segundos de caída libre, adrenalina, estómago (y más cosas) en la garganta, y zambullirte en el agua caliente del Caribe, mientras el sol sigue bajando y comienza a ser lamido por el mar en el horizonte.

Bañarte en una piscina natural, en el cauce de un río, justo debajo de una catarata, con agua fría, pero no helada. Sentirte inmerso en un mar de vegetación, sentirte un intruso en esa naturaleza que sólo se ve en los posters que nunca compras por parecer demasiado artificiales.

Hacer un pequeño recorrido por el Black River, atestado de cocodrilos (aunque sólo vimos tres ese día), y llegar a ese punto en el que el río comienza a recordar a una exploración al Corazón de las Tinieblas de Conrad, en busca de Kurtz.

Tumbarte en la playa, y ver que todos los colores son puros, tan puros que parece que van a romper el objetivo de la cámara (que por supuesto no hace justicia). El rojo, azul y amarillo de las sombrillas, el blanco levemente amarillento de la arena, el azul de la playa, el verde de la vegetación, el anaranjado de la puesta de sol...

Bueno, no sé si, paciente lector, has podido hacerte una idea aproximada de lo que he visto, de lo que he experimentado. Sólo puedo decir que no es fácil describir lo que he sentido en la isla, y que la única manera de entenderlo en su totalidad es ir allí. Y yo volveré.

J.

2 comentarios:

Fernando dijo...

A mi el montaje de los Aznar, me recuerda mucho al monstruo aquel, bicharraco raro que salía al final de Polstergeist, en una especie de universo paralelo, con muchas cabezas, horrorosas todas, y que iba flotando y atacando a la familia...mientras esta, permanecia unida para vencerlo...no he encontrado ninguna imagen por ahí, pero me recuerda muchísimo...

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Esa es la cosa de visitar este tipo de paises. Mi amiga Maika fue a la India no hace mucho, y vino contando lo mismo. Que no tienen nada, y lo poco que tienen tampoco le dan mucha importancia. Con vivir y reir ya tienen suficiente...y que llegas curado de humildad y te da para pensar que tu mundo de córdoba, madrid o lo que sea, con tus corte inglés, tus clases, tus librerías luque, etc etc etc y cañas y botellones, no es el único, ni por asomo, al contrario, más posibilidades hubiéramos tenido de caer en un pais así...

Por eso a mi, que me digan que existe un Dios justo, que da a todo el mundo lo que se merece.

JA

JA

Y JA JA JA!

Fernando dijo...

Sobre el tema de Al Gore, pues por supuesto que lo vi muy catastrofista, y muy exagerado, y muy electoralista. Vamos, que te lo pone muy fácil de solucionar, pero anda hijo, metete en la casa blanca y hazlo. Otra cosa el Bush, que no hace nada de nada.

Estoy de acuerdo en que el mundo se mueve por ciclos, y parece ser que uno se acaba. No estoy muy puesto, pero creo que va de que se acaba una era interglaciar, y viene una glaciar. No estoy seguro...sea como sea, el que lo estemos acelerando, me parece muy importante. Subir los grados, o bajarlos, de como normalmente lo haría la naturaleza, me parece muy peligroso, porque siempre ha pasado de forma natural, menos ahora, que además de ser de forma natural, es de forma artificial. Creo que sería mejor, aunque seamos catastrofistas, hacer lo que Gore nos dice...aunque fuera un poquito...